Veía las
repeticiones de Felicity en el cable, una serie que en realidad nunca vi, pero
que ahora no me pierdo.
De repente me
molesta un poco, Felicity piensa demasiado las cosas, y no necesariamente se
deja llevar por lo que siente, por lo tanto siempre está en conflicto con sus
sentimientos.
En el capítulo
de hoy el hermoso Ben (uno de los eternos pretendientes de Felicity junto con
Noah), se da cuenta que la ama y que la quiere de vuelta, que ahora si está
listo para entregarle todo lo que necesita, y se dispone a buscarla a uno de
sus trabajos.
Mientras tanto Felicity,
a quien ahora le gusta un chico llamado Greg, está conversando y tomándose unas
copas con este chico en la sala de descanso, después de haber terminado su
turno.
Ben entra y ve
a Felicity conversando con Greg, y puedes ver exactamente el minuto en que su corazón
comienza a trisarse.
Ben mira a
Felicity y luego se marcha.
Y en ese
momento pensé, de eso se trata el amor, por muy estúpido que suene ya que todo
viene de una serie gringa, eso era amor.
Ben ve a
Felicity, la quiere, la necesita, le duele su lejanía, pero al verla feliz, da
un paso atrás, porque eso es más importante para él.
Para mí eso es
amor, y no lo considero en absoluto una fantasía, creo firmemente que no hay
amor más grande que dejar tus sentimientos de lado para que el otro sea feliz.
No lo sé,
divago, han sido días raros, lloro todo el día, quizás era la fiebre, quizás mi
corazón, no lo sé, y por ahora no quiero averiguarlo.
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Ilusion
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Natiion noviembre 11, 2009
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15:14
Tomó mi cara entre sus manos, y posó sus ojos sobre los míos como queriendo averiguar lo que escondían, recorrió mi rostro con su mirada hasta que se detuvo en mis labios. Pude sentir como su respiración se apresuraba, lo noté porque la mía hacía lo mismo. El calor de su piel quemaba mientras se acercaba cada vez más a mí, ese momento duró una eternidad. Sus labios presionaron suavemente contra los míos lo que detuvo mi aliento, e hizo que mi corazón palpitara sin control. Se separó lo suficiente de mí para poder mirarme a los ojos, esbozó una leve sonrisa y susurró en mi oído.
-Nunca estarás sola otra vez, no mientras me queden fuerzas para mantenerme a tu lado.
Sus palabras resonaron en mi cabeza, cerré los ojos intentado asimilar el peso de ellas y deseando
con todas mis fuerzas que fueran verdad.
Su nariz se deslizó lentamente, rozando mi rostro desde un costado hasta llegar a mis labios nuevamente. Con una de sus manos me quitó el cabello de la cara y la otra se deslizó por mi brazo, haciéndome estremecer por el contacto, llegó hasta mi mano y la tomó dejándola en su pecho, cerca de su corazón, pude sentir sus latidos fuertes y seguros. Colocó su mano derecha en mi cintura y acercó mi cuerpo contra el suyo, con la mano izquierda tomó mi mentón y acercó mi cara hasta que estuvo a tan solo un par de centímetros del suyo, deslizó su mano por mi mejilla y puso sus dedos entre mi cabello, hice lo mismo con la mía, sin quitar la otra de su pecho, cerré mis ojos y respire profundo. Sus labios tibios ya estaban en los míos deslizándose lentamente, pero con fuerza abrazadora, mis labios tomaron su curso. Desee con todas mis fuerzas poder responder a sus palabras con una promesa tan importante como la suya, sintiendo miedo de que al abrir mis ojos no hubiera sido más que un sueño.
El beso se hizo cada vez masa intenso, pasó de ser algo sumamente agradable a una necesidad, una necesidad casi descontrolada.
Nuestros labios se sumergieron en la humedad y el calor de la pasión, siendo interrumpidos solo por la necesidad de respirar.
Aquel maravilloso beso me hizo perder la noción del tiempo. De pronto nos encontramos separados el uno del otro, casi jadeando del agotamiento.
Nuestras miradas se cruzaron de manera cómplice y note cierta inquietud en Tomás.
-Ah entiendo-dije. Tomás puso una cara de no comprender de lo que hablaba.
-A que te refieres con eso?-preguntó levantando una ceja.
-A que está bien si te arrepientes de eso y si quieres retractarte de lo que dijiste…-respondí antes de que me interrumpiera.
-Crees que me arrepiento?-acusó.
-Es que yo pensé- alcancé a responder antes de volviera a interrumpirme.
-No pienses esas cosas, lo que dije lo hice enserio. No tienes idea hace cuanto quería decirlo. Los días que hemos pasado juntos últimamente, no lo sé, han sido increíbles, se que nos hemos visto muy poco, las clases, el baile y ese día en tu casa, pero creo que nunca había sentido algo tan fuerte y tan rápido por alguien, aunque quizás es entendible debido a que eres la persona más especial que he conocido. Por favor no vuelvas a pensar algo así, yo…-dijo. Sus palabras me hicieron romper en llanto.
-Que fue lo que dije?-replicó desconcertado.
-Es solo que, no pensé que volvería a sentirme de esta manera otra vez-contesté entre sollozos.
-De que manera?-inquirió mientras se acercaba rodeaba mi cintura con su mano y me llevaba en dirección al sillón de cuero ubicado en la sala.
-A no sentirme sola-contesté mientras las lágrimas bañaban mis mejillas y rodaban hasta mi mentón cayendo como la lluvia sobre mis rodillas.
-Nunca te dejaré sola-añadió dulcemente. Puso sus brazos alrededor de hombros y acercó mi cabeza hacia su pecho en donde reposé mi rostro buscando consuelo en el calor de su abrazo.
No estoy muy segura de cuánto tiempo estuve allí, llorando y luego simplemente por el placer de encontrarme entre los brazos de Tomás.
De pronto sentí como el viento comenzó a pasar entre nosotros y me di cuenta de que Tomás me alejaba de su cuerpo.
-Me encanta estar así, pero…-dijo antes de que yo lo interrumpiera.
-Debemos hacer el trabajo de música-añadí separándome más aun de él y sentándome apropiadamente.
-Exacto- contestó con su sonrisa cautivadora.
Tomé mi guitarra con una mano, ya que la otra la tenia envuelta en la de Tomás. Avanzamos por el corredor hasta una habitación donde había un escritorio, un gran librero y un piano.
Quité el estuche a la guitarra y acerqué la silla que se encontraba al lado del librero, junto al piano. Tomás comenzó a tocar en el piano una hermosa melodía, la cual me pareció muy familiar.
-Es tu melodía, yo solo la modifiqué un poco para que sonara bien en el piano-dijo mientras sus
largos dedos jugueteaban entre las teclas produciendo hermosos sonidos.
-Se escucha muy bien- agregué asombrada por lo armonioso que se escuchaba aquella melodía que un día había llegado hasta mi mente y había decidido plasmarla en la guitarra.
-Toma tu guitarra y acompáñame- añadió.
Posicioné la guitarra sobre mi regazo y comencé a tocar mi melodía. Las palabras comenzaron a agolparse en mi mente, cosas como amor, ilusión, y un montón de otras ideas y sentimientos, que en cualquier otro momento de mi vida me habrían parecido una cursilería extrema, pero bajo estas circunstancias era todo lo que podía pensar.
Tocamos la canción un millón y una de veces, hasta que mis dedos ya estuvieron cansados y adoloridos de tanto rasguear las cuerdas.
-Mira tus dedos, están rojos, déjame ver eso-dijo con real preocupación.
-No es nada- le contesté. Mis dedos estaban un poco rojos y quizás ligeramente hinchados, pero nada que con unos minutos de reposo no fueran a curar.
-Claro que si-contestó el. Tomó mi antebrazo y me dirigió por el pasillo hacia una puerta color blanco. Abrió la puerta y encendió la luz que iluminó completamente el gran baño. Abrió la llave del lavamanos y puso mis dedos bajo el agua fría. Frente a nosotros se encontraba un gran espejo en el cual podía ver como Tomás, protectora y cariñosamente, remojaba mis dedos sin prestar atención a que lo observaba. Cuando por fin se dio cuenta bajé mi rostro con las mejillas encendidas por la vergüenza.
-Te ves muy tierna así- dijo juguetonamente.
-Así como?-le contesté apartándome de él.
-Así, avergonzada, pero sabes no tienes nada de qué avergonzarte, al menos no conmigo- replicó poniendo sus manos sobre mis hombros.
Le sonreí y luego me acerqué para besar su mejilla.
-Gracias- susurré en su oído.
-Porque?-preguntó.
-Solo gracias- añadí. Rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos y besó mi frente.
-Que quieres hacer ahora?- preguntó sin soltarme.
-No lo s’e- repliqu’e, mientras acomodaba mi cabeza para poder escuchar con más claridad el palpitar sonoro de su corazón.
-Te parece si nos preparamos unos sándwiches y vamos a dar una vuelta al bosque que queda cerca de aquí- preguntó.
-Me parece bien- lo decía sinceramente, caminar era una de mis actividades favoritas, y más si podía hacerlo al aire libre, lejos del ruido del tráfico de la ciudad y de la gente cuchicheando en las calles.
-Es un plan entonces-concluyó.
Fuimos a la cocina y empacamos algunas cosas para comer en un bolso de Tomás, y luego partimos en dirección al boque, siguiendo el sendero que llevaba desde la casa de Tomás hasta este.
-Me encanta este lugar. Cuando llegamos a la ciudad después de vivir en el hotel, nos mudamos acá, y como siempre pasaba mucho tiempo solo, con todo eso de que mama viva lejos con su nueva pareja y que mi hermana menor viva con ella, y mi padre y mi tío que siempre están ocupados con el negocio familiar, así que salía todas las tardes a caminar y descubrí que este lugar tenía algo mágico, es como si me llenara de una paz inmensa-comentó mientras entrabamos al camino dentro de aquel denso bosque.
Lo observé largo rato mientras contaba anécdotas de cómo había descubierto lugares especiales en el bosque y como pasaba los días en la ciudad cuando aun no conocía a nadie. Tomás podría haber hablado toda la vida y yo seguiría hipnotizadas escuchando su cautivante voz y observando esos pequeños gestos que me cautivaban, como el hecho de que de vez en cuando se mordiera un poco el labio inferior, aquel gesto juguetón me volvía completamente loca. Sinceramente podría haber estado así toda mi vida, era como si sus palabras me llenaran, llenaran el vacio que había habido dentro de mí todos estos años, pero aun así había algo que no se sentía bien, creo que era el hecho de que todo se sentía demasiado perfecto, y por experiencia propia sabia que las cosas no eran así. No era posible que algo fuera tan mágico, tan magnífico, tan de fantasía, pero en realidad mientras más escuchaba a Tomás, mientras más observaba su rostro que con tanta fascinación relataba historias, mas me lo creía, y más miedo sentía aun.
De pronto Tomás interrumpió el hilo de mis pensamientos.
-No te estoy aburriendo verdad?- preguntó pasándose los dedos a través de su negra cabellera.
-Por supuesto que no, me entretiene muchísimo escucharte hablar, a decir verdad me encanta todo de ti- me mordí la lengua antes de continuar hablando. No podía contenerme con Tomás era como si todos mis sentimientos, mis emociones y mis pensamiento se agolparan de pronto en mi garganta y quisieran salir a borbotones confesando cada una de mis verdades. Definitivamente tenía que aprender a controlar esa reacción.
Tomás rió y siguió caminando y yo ágilmente lo seguí entremedio de las ramas cuidando de no tropezar ni nada por el estilo. Llegamos a un pequeño claro y Tomás me invitó a sentarme, a lo que hice caso inmediatamente. El sol iluminaba su rostro haciéndolo ver completamente angelical, pero intente no quedármele observando durante mucho tiempo, para evitar parecer un tonta deslumbrada, aunque en el fondo si lo fuera.
Desempacamos las cosas y pusimos un mantel para evitar que la comida tocara el suelo. Tomás saco unos sándwiches y yo las botellas de jugo que Tomás me había entregado para que cargara en mi bolso.
Nos dispusimos a comer en silencio, hasta que me decidí hablar, rompiendo totalmente con lo que generalmente era mi personalidad de la chica callada que siempre esperaba que el resto la invitara a la conversación y no que la iniciara.
-Este lugar es muy hermoso- dije.
-Lo es- contestó Tomás- pero no más hermoso que tu. Su comentario hizo que me ruborizara un poco, pero también me causo algo de gracias, por lo que solté una ligera carcajada. Lo que pareció ofender un poco a Tomás.
-Dije algo divertido- preguntó algo confundido y un poco molesto.
-No es nada, es solo divertido escuchar que alguien piense que soy hermosa-contesté.
-Lo eres Danielle, eres perfecta, tu piel, tu cabello todo de ti es perfecto-replicó.
-Por favor Tomás, las chicas de mi clase son bonitas, ellas si lo son con sus cabelleras rubias y su piel bronceada-contesté poniendo los ojos en blanco.
-Esas chicas no son naturales Elle, son fabricadas, todas siguen el mismo patrón, además la mayoría de ellas no tiene ni una pizca de cerebro o talento, o quizás lo tienen, pero eligen no utilizarlo, en cambio tú tienes todo-me debatió.
-Gracias- fue todo lo que me pude limitar a contestar.
-Realmente es un placer compartir contigo, de pronto te has vuelto en unja especie de placer culpable-dijo suspirando.
-Porque culpable?-contesté preocupada.
-Porque cuando estoy contigo quiero dejar de hacer todo lo que tengo que hacer solo para estar contigo, es como si todo lo demás perdiera valor y sentido y solo tuviera atención para ti, todo lo que quiero es a ti-concluyó. Tragué saliva.
-Cuando estoy contigo, la verdad es que no se que sentir, no sé qué hacer, es como si olvidara respirar, yo…-no pude terminar la frase ya que las palabras dejaron de estar en mi mente y esta se puso totalmente en blanco.
Estuvimos largo rato mirándonos en silencio, observándonos, registrando cada detalle de nosotros. Había tanto que mirar en Tomás tanta perfección, pero a la vez tanta sencillez.
Tomás se puso de rodilla y comenzó a acercarse a mí, yo me quedé inmóvil esperando su siguiente movimiento. Se acercó más hasta que se detuvo justo enfrente de mí. Levantó sus manos y comenzó a acariciar mi rostro.
-Tu piel es tan suave, tus ojos, tu nariz, cada cosa de ti, es maravillosa-dijo justo antes de detener sus dedos en mis labios-tus labios son lo que más me gusta de ti. Se acercó cuidadosamente y presionó sus labios contra los míos, poco a poco nos recostamos en el pasto, sin permitir que nuestros labios se separaran en ningún momento. Tomás acomodó su cuerpo para evitar aplastarme. El beso se hizo más intenso. De pronto tuve la sensación de que jamás me cansaría de Tomás, de su boca, de su lengua, de sus besos, y estaba segura de que en algún momento, me traería problemas.
Un sábado por la noche cualquiera, de paseo por Pio Nono, en el barrio bellavista, aun no son las once y los bares ya están repletos de jóvenes que salen a divertirse, risas, conversaciones, mesas abarrotadas de gente con un solo propósito, pasar un buen rato.
Lentejuelas, tacones, y alcohol son la temática de la noche. Niñas paseándose y haciéndose las conocedoras. Cerveza chorreando por todos lados, aquel olor empapa el ambiente, y envuelve a la masa en un estado zombi acompañado de carcajadas sin sentido.
Pasado las once la gente sigue llegando, y más de uno ya paso sus límites y está completamente arriba de la pelota.
Entro a Patio Bellavista, y todo cambia, la gente habla, huele y hasta ríe diferente. Las mesas adornadas no tienen ninguna cerveza. Aquí ya no se toma, se bebe. Pisco sour, vino y tragos exóticos.
Dos realidades completamente distintas, afuera reggaetón, cumbia, dentro el mejor guitarrista de blues de Sudamérica deleita mis oídos con sus deliciosas melodías.
Dos y media de la mañana y vamos en busca de un taxi, la gente afuera ya ni siquiera camina correctamente, y más que arriba, ya están todos dentro de la pelota y algunos abajo de ella.
Aquella niñas ya no se ven por ninguna parte, y realmente no quiero imaginar donde están.
Lentejuelas, tacones, y alcohol son la temática de la noche. Honestamente no quiero ser parte de ello.
Últimamente me he sentido atormentada por los fantasmas del pasado, esas sombras invisibles que me persiguen a donde quiera que vaya y que siempre han sabido encontrarme.
Desconozco la razón por la cual estos últimos días han decidido salir a la luz y han comenzado a molestarme, pero algo si se, y es que han cumplido su cometido.
Me siento insegura, aunque todos me den certeza de que solo son imaginaciones mías, no sé, pero por alguna extraña razón siento que hay más, algo mas, lazos que aunque no se sientan, quedan, perduran, y en algún momento, unen nuevamente.
Quizás veo cosas donde no las hay, o quizás si, es por esto que no puedo ignorar aquello que grita dentro de mí, y lo sé, con todo mi ser lo sé, me asusta, me pone vulnerable, más de lo que ya soy, más de lo que fui, y me hace llorar, después de meses sin derramar lagrimas, ellas brotan de mis ojos y ruedan por mis mejillas, bañándolas del miedo que mi corazón siente.
Me dices que no tema, independiente de lo que pase siempre volverás, porque es profundo, pero no lo es el otro lazo también?
Te creo, pero aun así dejo cabida para la duda, siempre lo hago, es mejor vivir así, o al menos lo es para mí.
Por segundos me invade la locura y la angustia, pero luego recuerdo las promesas y los juramentos hechos, y vuelvo a la calma, serena y tranquila, vuelvo a creer y confiar, no volveré a caer en el estúpido error de aquella inseguridad, o al menos lo intentaré.
Quizás los fantasma reaparezcan otra vez, pero la próxima vez, cerraré los ojos y me refugiaré en tus brazos tibios, que me prometen que no hay nada que temer.
Hace un par de días me preguntaba, el porqué de muchas cosas y entre ellas, el porqué del gusto de hacernos daño.
Creo que el ser humano es por naturaleza masoquista. Tenemos conciencia del bien y el mal, o al menos la mayoría de nosotros lo hacemos, estamos consientes de que ciertas cosas y especialmente ciertas personas nos hacen sufrir, pero hacemos la vista gorda, haciendo caso omiso de las grandes heridas que nos causamos, manteniéndolas abiertas, y más aun agrandándolas con cada paso en la dirección equivocada.
Escuchar canciones tristes tras una ruptura o una desilusión, al borde de cortarnos las venas, permanecer en la oscuridad, llorar hasta deshidratarnos, todas cosas propias del hombre y la mujer. Pero es realmente algo sano? No lo creo, definitivamente no lo es. Lo peor del asunto? Lo sabemos, sabemos que está mal, sabemos que nos desgarra el alma aun mas, sabemos que hace que la sangre que corre en nuestras venas se haga más densa y nos cueste más aun vivir, hace que al aire pese y no sea capaz de ingresar a nuestros pulmones . Nos lleva a algún lugar? Quizás si, quizás no, quizás en algún momento nos lleva a decir, ya basta, es suficiente, debo salir de aquí. Deberíamos podernos dar cuenta antes, antes de estar hundidos en un hoyo, sin herramientas para poder salir.
Es acaso más masoquista alguien que se hace daño físico? creo que no, lo sé, y no me considero así, pero fui capaz de darme cuenta del error, y no volver a cometerlo.
No renegaré de mi origen humano, y por lo tanto, no renegaré de mi masoquismo, es parte de mi, y realmente no me avergüenzo de ello, ya que eso sería avergonzarme de estar viva y de poder sentir, pero si hay algo que he de intentaré de ahora en adelante y eso es no hacerme daño, de ninguna manera. Porque esta decisión? porque infringirme dolor es una acción egoísta, mi vida no soy solo yo, si sufro, no lo hago sola, si lloro, no lo hago sola, y eso si que no puedo permitírmelo, hacerle daño a alguien más, es algo que no me permito hacer.
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Natiion octubre 29, 2009
en
22:23
El trayecto a casa fue divertido. Josh subió el volumen del radio a todo lo que daba, y comenzamos a cantar a todo pulmón, hasta que se detuvo en la calle en la entrada de mi casa. Josh y Clarice bajaron para despedirse de mí, les di un fuerte abrazo a ambos, pero Clarice insistió en acompañarme hasta la puerta. Clarice se aferraba con fuerza a mi brazo y caminaba muy pegada a mí, entonces fue que supe que tenía algo que decirme. Nos detuvimos en la puerta y giré mi cuerpo hacia a ella para interrogarla. Sus ojos verdes parecían profundos y brillantes, llenos de ternura, pero también de duda.
-Suéltalo- le dije juguetonamente pero con un toque de autoridad.
La vi titubear, pero pronto sus ojos se llenaron de un fuego de determinación.
-He tomado una decisión-dijo tragando saliva
-De que se trata, vamos no me dejes así?-le reproché.
-He decidido que estoy lista para dar el siguiente paso con Josh-susurro ruborizándose.
-Acaso estás hablando de…?- abrí los ojos y me quedé muda.
-Si Elle, Josh y yo vamos a dormir juntos- su voz se escuchaba segura, podía notar que no había nada que pudiera hacerla cambiar de opinión-con Josh hemos hablado mucho el tema, y me siento preparada, me siento lista, quiero hacerlo, y justamente sus padres no estarán hoy en casa, así que…- desvió la mirada y comenzó a juguetear con la pulsera de brillantes que le adornaba la muñeca izquierda.
-Quieres decir que será esta noche…?-repliqué en voz baja, como teniendo cuidado de que nadie nos oyera, aunque a esa hora de la noche ya no había nadie en la calle que pudiera escucharnos.
-Exacto, por eso es que quería pedirte un favor-me miro a los ojos, podía ver como me rogaba con la mirada.
-Cualquier cosa por ti Clarice- lo decía enserio, ella era mi mejor amiga y estaba dispuesta a hacerla lo que fuera por ella.
-Le dije a mis padres que me quedaría en tu casa esta noche, y quería saber si podías cubrirme en caso de que mis padres decidieran llamar o algo así- suplicó. La luz de la luna le daba a sus ojos un candor especial, quizás era la luz, o quizás era las expectaciones que tenía para esa noche la que la hacían lucir de esa manera.
-Por supuesto, no te preocupes, si ellos llaman les diré que estas durmiendo o algo así, no te preocupes yo te cubro, pero necesito que me prometas algo.
-Dime-asintió.
-Si tienes cualquier duda, recuerda que aun tienes tiempo de arrepentirte, no hay nada malo en ello-intenté no sonar como reprobando su conducta, la verdad es que no me parecía mal, pero quería estar segura de que Clarice no cometería un error.
- Te lo prometo, aunque no creo que eso pase-dijo esbozando una leve sonrisa.
La mire por última vez, esa sería la última vez que vería a Clarice como una niña, esta noche, aunque sonara como un cliché, se convertiría en una mujer, el sexo cambiaba muchas cosas. Tome su cara entre mis manos y besé su mejilla haciendo un sonido estruendoso. La abracé con fuerza y le susurré.
-Suerte, cuentas con mi apoyo.
-Gracias- contestó mientras aun se encontraba abrazada a mí.
Nos apartamos y Clarice se dirigió hacia el auto donde Josh la aguardaba con una gran sonrisa en el rostro. Nunca he estado en contra del sexo prematrimonial, simplemente quería estar segura de que mis amigos estaban dando el paso correcto, y en mi corazón sabía que era así. No podía pensar en dos personas más preparadas que Josh y Clarice, su amor era infinito y estaban muy comprometidos el uno con el otro, y lo más importante, era que lo hacían por las razones correctas, por amor.
Esperé hasta que el auto se puso en marcha y Clarice me sopló un beso desde el asiento del copiloto, el cual le respondí. Observé el auto alejarse por la calle y luego me voltee para entrar a la casa. Dentro todo estaba muy obscuro, pero no quise encender ninguna luz para no despertar a Lila, quien dormía en el cuarto de huéspedes, como lo hacía cada vez que mi papa se encontraba fuera. Me quite los tacones para no hacer ruido y me dirigí escaleras arriba.
Cerré la puerta de mi habitación y encendí la luz. Arrojé los tacones en dirección al armario y fui al baño a quitarme el maquillaje y el peinado. Cuando estuve lista me quite el vestido, me puse el pijama y me deslicé bajo las frías sábanas. Intenté acomodarme en el suave colchón en el que tantas veces había encontrado refugio, pero me era inútil por alguna razón este me parecía demasiado incomodo, como si me fuera desconocido, o yo le fuera desconocido a él. Saque los brazos en una señal de rendición, el insomnio me ganaba y no había mucho que hacer por evitarlo.
La luz de la luna se colaba tenuemente a través de las cortinas haciendo que el cuarto estuviera apenas iluminado y dándole un aspecto ligeramente nostálgica. Me enderece un poco ii acomodé algunas almohadas para quedar semi sentada. Las palabras de Clarice me daban vuelta en la cabeza como un murmullo incesante. No tenía nada en contra de lo que Josh y Clarice harían esa noche, sabía que lo hacían por las razones correctas, por amor, y que eran lo suficientemente responsables para entender las consecuencias y todo lo que conllevaba el sexo, por lo que también estaba segura de que tomarían las precauciones necesarias para evitar tipo de situaciones desagradables en el futuro.
Observe como la luz se reflejaba en un globo de nieve que estaba sobre mi escritorio y este parecía cobrar vida propia, como si fuera una pequeña nación viva dentro de un globo de cristal. Aquella bola d nieve había pertenecido a mi madre y a su madre antes de ella, y quizás a cuantas mujeres más de la familia, era una especie de tradición. Cuando una de las mujeres de la familia cumplía 15 anos la bola de nieve debía pasar a las manos la cual debería continuar la tradición. Mi madre no había sido capaz de aguantar hasta que yo tuviera 15, ni siquiera hasta que tuviera 5.
Recuerdo ese día en el hospital como si fuera ayer, las visitas eran limitadas, y no s ele permitía a los menores de edad entrar a la habitación, pero mi madre hablo con una de las enfermeras de turno, la cual hizo una excepción y me dejo ingresar y sentarme en el borde de su cama. Una pañoleta fucsia cubría su cabeza y ocultaba el lugar donde antes su hermosa cabellera debería haber estado. Su piel era pálida como la nieve y las ojeras formaban oscuras marcas alrededor de sus ojos, mas sin embargo la dulzura de su mirada y la ternura de su sonrisa no habían desaparecido. Con cuidado sacó de entre las sabanas un objeto cubierto por una especia de paño celeste y lo puso en mis manos.
-Quisiera poder hacer esto de la manera correcta- pronunció con dificultad-pero el tiempo no está jugando a mi favor y no quiero perder la oportunidad de hacer esto por mí misma.
-Que cosa mami?- contesté con la dulce voz de niña que era.
-Esta bola de nieve perteneció a mi abuela, luego a mi madre, y ahora es tuya, debería entregártela cuando cumplieras 15, pero me temo que eso no será posible.
-Claro que si mami, puedes entregármela entonces, yo se que podrás-la alenté inocentemente.
-Creo que eso no será posible osita mía. No creo que pueda estar allí para entregártelo, al menos no físicamente-dijo con la voz quebrada-Veras a veces las personas no pueden estar siempre en los lugares que quieren estar, a veces las cosas cambias y uno debe irse antes de lo que quisiera y lamentablemente, ese es mi caso-dijo casi sin voz mientras una lagrima resbalaba por su mejilla.
-Pero mami yo no quiero que te vayas, no quiero que me dejes sola-sollocé.
-Jamás osita mía, jamás te dejare sola, quizás no puedas verme, pero siempre estaré ahí, en el viento, en el sol, en el cielo azul, siempre estaré cuidándote y protegiéndote, desde donde sea que este-prosiguió-siempre estaré contigo, siempre que lo necesites estaré contigo, te amo- concluyó. Ahora las lágrimas fluían en un torrente que bañaban su pálido rostro. Tomo mi cara entre sus manos y besó mi frente como solo una madre sabe hacerlo. Me acurruqué entre sus abrazos deleitándome en su aroma a lavanda y calidez, y caí en un sueño profundo sintiendo que cada una de sus palabras eran ciertas. Esa fue la última vez que la vi, la última vez que escuché su voz, la última vez que me sentí completamente segura.
Sentí como las lagrimas subían rápidamente a mis ojos y los desbordaban. Seque el agua con las sabanas y me dispuse a evadir aquella clase de recuerdos, al menos por esa noche.
Busque en los rincones de mi memoria algún recuerdo grato y el primero que mi vino a la mente fue el hermoso rostro de Tomas, la perfección de sus facciones y sus fascinantes ojos me elevaron y llevaron a un lugar grato donde solo era permitido sonreír. Cerré los ojos para concentrarme en su suave mirada y desee con todas mis fuerzas que el sol estuviera pronto a salir, para que así fuera la hora de poder verlo.
Un estruendoso sonido me despertó, repiqueteando en mis oídos, la alarma del celular sonaba y sonaba sin cesar. Observé la hora, eran las 9:45.
-Que?- grite en un tono muy alto de voz. Lo más probable es que dormida había apagado la alarma, y ahora estaba sumamente retrasada para juntarme con Tomas.
Me apresuré lo más que pude para evitar atrasarme más aun de lo que ya estaba. Abrí el agua de la ducha y terminé en un abrir y cerrar de ojos. Me puse los primeros pantalones que encontré y cuando estaba buscando una blusa o un top, el aparato celular sobre mi velador comenzó a vibrar y tocar Let it Be de los Beatles.
-Alo- contesté al presionar el botón del teléfono.
-Hola Danielle-escuché. Aquella voz me paralizó el corazón. Me tomó un par de segundos recobrar el ritmo normal de mi respiración y encontrar algo cuerdo que decir.
-Hola Tomas- mi voz sonó casi como un susurro entrecortado.
-Bueno, estoy afuera de tu casa, esperándote-dijo con voz nerviosa. Ahora si los nervios se me iban de las manos y no podía controlarlos.
-Ya bajo-replique bruscamente y colgué con el botón rojo.
Cogí una blusa color marfil de manga corta y la abotoné rápidamente, tomé un par de cosas y las puse un morral, me puse la guitarra al hombro y corrí escaleras abajo.
Tomas parecía un ángel apoyado en su auto en una pose casual mientras el viento jugueteaba con su pelo negro el cual hacia contraste con su pálida tez blanca, a excepción de sus rosadas mejillas, haciéndolo lucir como una total estrella de cine, pero no de esas películas de acción, ni de comedia romántica de hoy en día, sino con la hermosura y la elegancia de las estrellas de antes, de antaño.
Se acercó lentamente y puso una de sus manos en mi cintura para disminuir la distancia entre nosotros, y suavemente posó sus labios en mi mejilla derecha con suma delicadeza. Aquel tibio beso me remeció completa. Caballerosamente cogió mi guitarra y la puso en el asiento trasero de su Volkswagen Touareg color bronce.
-Lindo auto- comenté.
-Gracias-sonrío orgulloso-fue un regalo de mi tío por haber sido el primero de la promoción en mi antigua escuela.
-Vaya, eres artista y además inteligente, no me lo habría imaginado-dije con ligero asombro. Sus facciones se volvieron algo incomodas, al parecer mis palabras le habían molestado-Lo siento, yo no estaba insinuando que no fueras inteligente ni nada de eso, lo que pasa es que…-me excusé.
-No te preocupes, entiendo, es difícil pensar que una persona puede destacarse en más de un aspecto-sonrió dulcemente.
Más de un aspecto, eso era decir poco, Tomás era sencillamente perfecto, al menos así me lo parecía hasta ahora.
Tomas abrigo la puerta del copiloto y me invitó a subir.
El vehículo esta tibio, no sé si porque mi temperatura corporal estaba elevada o porque la calefacción estaba encendida, cualquiera fuera la razón se sentía caluroso estar tan cerca de semejante perfección.
-Te ves…-titubeó menos de un segundo y luego continuó-te ves muy sexy con el pelo mojado-concluyó con una sonrisa coqueta y la mirada al frente mientras hacía partir el vehículo.
Ahora podía decir con certeza que jamás en mi vida me había sentido tan avergonzada, ni había estado tan sonrojada.
-Emmm, gracias-pronuncié bajito y agaché la cabeza, y de esta manera me mantuve todo el trayecto a casa de Tomás, y respondiendo cortantemente con un sí o un no si me preguntaba algo.
-Llegamos-anunció el muchacho a mi lado.
-Linda casa-dije con sinceridad. Era una especie de cabaña grande en las afueras del pueblo, lo que le daba un aspecto muy rustico y hogareño.
Bajamos del auto y Tomás cargó mi guitarra hasta la entrada de la casa. Tomás sacó las llaves de su bolsillo y procedimos a cruzar el umbral.
Esperé de pie junto a un mostrador que separaba la cocina del comedor, mientras Tomás acomodaba las cosas en el sofá y luego se dirigida a buscar algo para beber. Sirvió ambos vasos con limonada y se posicionó frente a mí por el otro lado del mostrador. Observé el líquido amarillento largo rato cuando Tomás se movió en dirección a mí. Me enderecé en un reflejo y me quedé estática. Tomás se acercó cada vez mas y mas hasta que nuestros cuerpos estuvieron prácticamente unidos. Rodeó mi cintura con una mano y me acercó más aun hacia él. Rozó con su nariz mi frente y pude escuchar que su respiración era dificultosa.
-No sabes hace cuanto tiempo había ansiado este momento, tenerte tan cerca, sentir tu aroma, tu calor-susurró. Ahora con su mano libre acarició algunos mechones de mi cabello que aun se encontraban sueltos y los hizo juguetear entre sus delicados dedos.
Yo…-no podía formular palabras, no había nada cuerdo que pudiera decir, y en realidad no había nada que quisiera decir, solo quería que ese momento se prolongara antes de despertar de ese maravilloso sueno. Puso sus dedos sobre mis labios y los acarició tiernamente.
-No sabes hace cuanto quería probar tus labios-continuó mientras su respiración se agitaba más aun, al igual que la mía.
-Entonces hazlo-agregué. No sé de donde salieron esas palabras, ni como había tenido el atrevimiento de pronunciarlas pero lo había hecho. Cerré los ojos y esperé que el calor del momento terminara de envolverme.