Capítulo VIII: Revelación


-Vaya- fue todo lo que Josh pudo decir al verme bajar por las escaleras, mientras abría los brazos por el asombro. La impresión de Clarice fue algo más efusiva.
-Cariño te ves preciosa-dijo en un tono tan agudo que casi me dejó sorda. Se llevo las manos a la cara como si estuviera reteniendo el llanto y luego corrió a mi encuentro. Me abrazó muy fuerte y giró para ver nuevamente mi apariencia, como si no terminara de creérselo.
-Estas deslumbrante Danielle-dijo sin poder ocultar la alegría en sus palabras- y el vestido es precioso también, y te queda tan ceñido, no sabía que tenías tan linda figura, deberías mostrarla más seguido-dijo riéndose de mi expresión cuando dijo esas palabras.
-No hables tonterías- contesté roja por la vergüenza, mientras me abanicaba por el súbito ardor que sentí en mis mejillas.
-Chicas lamento interrumpirlas, pero creo que sería mejor si nos fuéramos, sino llegaremos tarde-dijo haciendo un gesto con la mano que indicaba su reloj de pulsera.
-Cierto- asentí-adiós Lila nos vemos en un par de horas-pronuncié mientras le soplaba un beso y salía por la puerta.

Ingresé en el asiento trasero del convertible Cadillac ElDorado del 69’, totalmente restaurado, que pertenecía a Josh, ese auto era su orgullo. Su padre se lo había regalado a los 14 y desde entonces había invertido todos sus veranos en el, bueno, todos sin contar el ‘ultimo, ya que es se lo había dedicado por entero a Clarice.
Josh ingresó en el asiento del piloto y Clarice en el del copiloto y emprendimos marcha hacia el salón del hotel St. Benedict, que era donde se realizaría el baile.
Mientras yo iba concentrada en mis pensamientos, mirando como los arboles se desvanecían a nuestro paso, Josh y Clarice hablaban de lo bien que lo pasaríamos en el baile y de que todo el mundo estaría ahí. “El evento de la temporada”, lo llamaron. Me limité a sonreír y a asentir a todo lo que decían, sin prestar real atención.
El convertible se detuvo justo enfrente de la entrada del imponente hotel, el cual anunciaba el baile de bienvenida del Instituto St. Joseph.
Descendí del auto con cuidado para no arrugar mi vestido y uno de los jóvenes que aparcaban los autos, me extendió su mano para servirme de apoyo. Le di las gracias, y con la mirada busqué a mis amigos.
Josh le entregó las llaves del auto al muchacho que me había ayudado a bajar y le pidió que tuviera mucho cuidado con su “Bebé”.
Clarice y yo nos dirigimos una mirada cómplice, y nos reímos por lo bajo.

-Señoritas- dijo Josh, ofreciéndonos a cada una uno de sus brazos.

Ambas aceptamos con gusto y caminamos hacia el recibidor del hotel. Allí nos dirigimos hacia un amplio mesón donde había tres señoritas, todas de diferente aspecto, pero con el mismo peinado y uniforme. Una de ellas se acercó a nosotros y no regaló una amplia sonrisa.

-Bienvenidos al hotel St. Benedict, en que puedo ayudarlos- dijo de manera automática la mujer de unos 27 años, cabellos rubios y profundos ojos verdes.
-Estamos aquí para el baile de bienvenida- dijo Clarice en voz dulce y cortes, esa voz que siempre usaba con los desconocidos.
-Muy bien-dijo la joven suavizando sus facciones y ampliando aun mas su sonrisa-sigan derecho por el pasillo y doblen a la derecha, ahí está el salón Rose, que es donde se está realizando el baile-señaló con sus manos para hacer su explicación algo mas especifica.
-Muchas gracias- contestó Clarice entrecerrando los ojos y dedicándole a la mujer una amable sonrisa, la cual le contestó con el mismo gesto.

Clarice siempre había tenido la cualidad de hacer sentir cómoda a las personas con su sonrisa, era como un don especial, el mismo que me había cautivado el primer día de clases en el Instituto cuando yo era la chica nueva de la ciudad y ella se acercó amablemente para darme la bienvenida. Desde entonces, jamás habíamos vuelto a separarnos.
Josh agarró un puñado de los dulces que se encontraban en un bol sobre el mesón y con la otra mano hizo una señal juguetona y coqueta de despedida a las recepcionistas, las cuales se quedaron paralizadas frente a su cautivadora sonrisa. Josh sabía el efecto que causaba su sonrisa, por lo tanto la utilizaba siempre que se le daba la oportunidad. Clarice no se ponía celosa, sabía que su novio era coqueto por naturaleza, y no había nada que pudiera hacer contra ello. Además ella y yo sabíamos que él no era capaz de mirar a ninguna otra como miraba a mi amiga.
Caminamos del brazo de Josh hasta la entrada del salón y nos detuvimos allí un par de segundos para contemplar la magnífica manera en que este estaba decorado. No había ningún rincón del salón que no estuviera cubierto por esplendidas guirnaldas vaporosas color verde y amarillo, y globos de las mismas tonalidades.
Los asistentes bailaban al ritmo de una banda local, ubicada sobre una tarima en el fondo del salón.

-Esto es hermoso- logré articular.
-Verdad que lo es?- dijo Clarice tomando a Josh por la mano y arrastrándolo hacia la pista de baile. Josh intentó tomar mi mano para que fuera con ellos, pero delicadamente me deslicé fuera de su alcance y les di a entender con una seña, que los acompañaría en un minuto.

Recorrí todo el salón con la mirada, aun maravillada por el decorado y luego me abrí espacio entre la multitud para buscar un lugar donde sentarme.
Al pasar todos me miraban con curiosidad, como si fuera la chica nueva o algo así. Algunas chicas me miraban con recelo y otras me dirigían dulces sonrisas, los muchachos por otra parte, me dedicaban sonrisas coquetas y miradas furtivas, lo que hizo que me sonrojara. Logré encontrar una mesa con un par de sillas en un rincón y no dudé en apresurarme antes de que alguien más las acaparara, tropezándome a veces, debido a que la multitud me dificultaba el paso.
Desde donde me encontraba lograba tener una vista amplia de la pista de baile y de la tarima donde se encontraba la banda. Pude divisar como Clarice y Josh bailaban de manera entusiasta al ritmo de la música y comprendí en ese minuto que me esperaban un par de largas horas de soledad por delante.
Estuve sentada alrededor de una hora observando cómo las parejas se divertían, y deseé en ese momento que Tomás me hubiera invitado como su cita. Que tonta me sentía, allí sola sin nada que hacer, y sin una cita que me hiciera compañía.
Ya no me sentía cómoda allí, entre tanta gente riendo, sentía que no encajaba. Me paré precipitadamente de mi silla y me dispuse a salir, cuando de pronto sentí que un escalofrío me recorrió los hombros desnudos y bajaba por mi columna.

-Vas a algún lado?- susurró una suave voz muy cercana a mi oído, la cual reconocí inmediatamente.

Me giré rápidamente para encontrarme cara a cara con la fuente de esa voz melodiosa que inundaba mis sentidos.

-To... más- pronuncié su nombre como si fueran dos silabas -qué haces aquí?-dije dificultosamente, mientras tragaba saliva debido al impresionante efecto que sus ojos grises causaban en mí.
Vestía un elegante traje gris oscuro, probablemente de diseñador italiano, una camisa negra, y una corbata plateada que hacía juego con sus ojos.

Sonrió divertido y se aclaró la garganta para hablar.

-Por si no lo recuerdas vamos al mismo Instituto, por lo tanto asistimos a los mismos bailes-ocupó un tono ligeramente sarcástico, el cual no me molestó. En cualquier caso le habría contestado en tono sarcástico también, pero su presencia me debilitaba, por lo que no pude cumplir con mi cometido. En vez de tomar una actitud orgullosa y a la defensiva por su tono, me puse totalmente colorada y desvié mi mirada hacia el suelo.

-Claro, tienes razón-contesté mientras miraba mis pies, cubiertos por los delicadas tiras color plata de los finos tacos.

Aunque no podía ver el rostro de Tomás, supuse que estaba esbozando una sonrisa.
De pronto sentí como su mano tocaba la mía y sus tibios dedos envolvían los míos.

-Qué haces?- le pregunté confundida.
-Acaso me dejaras bailando solo?- contestó provocándome con una sonrisa a la que no pude negarme.

Tiró de mi mano y me obligo a acercarme a él, nuestros cuerpos chocaron y el rodeó mi cintura con su mano. Podía sentir el calor de su piel por sobre el delicado vestido, ese calor me envolvía y me hacía desear estar más cerca de él. Puse una de mis manos sobre su hombro y tomé la mano derecha de él para disponernos en posición de baile.
Perdí la noción del tiempo mientras nos divertíamos y girábamos al compás de la música. Tomás alargó su brazo para liberarme y hacerme girar, cuando de pronto terminó la canción y comenzó una de un ritmo bastante más lento. Tomas tiró de mí haciéndome girar hacia él, nuestros rostros quedaron frente a frente, tan cerca que podía sentir como su dulce respiración se acompasaba con la mía, como si de pronto estuviéramos unidos por una fuerza mágica e inexplicable.
Las manos de él se deslizaron por mi espalda hasta toparse con mi cintura donde se quedaron firmes y seguras. Ejerció una pequeña fuerza para atraerme hacia él, a la cual, por supuesto, no me resistí. Levanté mis brazos y los puse por detrás de su cuello. Se sentía tan bien estar así, como si de alguna manera, nada mas existiera.
Tomás se acercó hacia mí lentamente, provocando que mi pulso y mi respiración se descontrolaran.
Mi mejilla se apoyo en su fuerte pecho y la deje reposar ahí, mientras escuchaba el sonido de la respiración de que al muchacho que me robaba el aliento.
Pude sentir como Tomás se agachaba un poco para quedar más a mi altura y cuidadosamente apoyaba su mentón en uno de mis desnudos hombros.

-De todos los que están aquí hoy, eres la única que merece miradas- pronunció delicadamente. Cada una de sus palabras era un delicioso manjar que inundaba mi mente y desbocaba mi corazón-Eres hermosa-continuó-deliciosamente hermosa-dijo soltando cada silaba lentamente para realzar el mensaje. Su voz se sentía como acariciar terciopelo.
Sentí como la sangre subía precipitadamente a mis mejillas y me inundaba con su calor. Me separé un poco de sus brazos para observar su rostro e intentar contestar a sus palabras. Cuando mis ojos se toparon con los suyos no pude articular nada coherente ni pensar en las palabras que salían de mi boca.

-Hace un poco de calor aquí, no crees?-dije sin meditar nada de lo que escapaba de mis labios.
-Tienes razón-dijo entre risas. Retiró sus brazos que antes me rodeaban, lo que me hizo sentir extraña, vacía, como si necesitara de su contacto para sentirme completa.
-Vamos-dijo mientras estiraba su mano hacia mí y se alejaba hacia la puerta. Mi cuerpo se movió como por inercia, no tuve ni un segundo para pensarlo cuando me vi siguiéndolo a tropezones hacia la salida del salón.

Tomé la mano de Tomás sin vacilarlo ni por un momento. El entrelazó sus dedos con los míos de manera tan natural, que sentí como si mi mano fuera parte de la suya, como si toda la vida le hubiera faltado la mitad y por fin encontraba su complemento.
Me guió por el recibidor del hotel hasta que nos topamos con un pasillo que llevaba hacia el jardín trasero del lugar. Seguimos un sendero de piedras hasta lo que parecía ser una laguna artificial que se encontraba escondida entre los arbustos.

-Cuando llegamos a la ciudad-dijo Tomás- no teníamos donde quedarnos, así que mi padre y yo estuvimos un mes alojándonos en este hotel- y la verdad es que pasar las 24 horas del día encerrado en cuatro paredes n oes mi idea de un gran día, además no conocía a nadie en la ciudad, así que solo salía si era necesario-comenzó a explicar mientras se quitaba la elegante chaqueta y la puso a modo de manta para que nos sentáramos sin tener que tocar el pasto, probablemente húmedo por el rocío que caía durante la noche-por lo tanto tuve mucho para recorrer el hotel y descubrir lugares como este-concluyó.
Se sentó en el suelo y lo imité. La camisa negra s ele ajustaba al torso como si fuera hecha a medida, su elegante y musculosa figura se veía varonil, y exquisitamente tentadora. Se soltó la corbata y desabrochó el botón del cuello.

-Sabes-dijo mirando en dirección al agua que tenía una ligera bruma por encima que la hacía parecer como sacada de un cuento de hadas- No suelo ir a los bailes a decir verdad, nunca estaba demasiado tiempo en una ciudad como para lograr ir a un baile, pero…-dudó un minuto de lo que iba a revelar, pero pude ver como su semblante cambió de la vacilación a la determinación como si nada-tenía la esperanza de que tu vinieras, y yo simplemente necesitaba verte.
“Necesitaba verte”. Las palabras resonaban en mi cabeza de un lado a otro haciéndome perder la serenidad. Si el necesitaba verme, tanto como yo lo necesitaba a él… entonces quizás el también… Detuve el sentido de ese pensamiento de golpe. No podía permitirme a mí misma formular ideas o sacar conclusiones de lo que estaba pasando entre Tomás y yo, al menos no hasta que estuviera completamente segura de adonde se dirigía esto.

Tomás dirigió su mirada hacia mí. Se veía concentrado, como si algo importante fuera a pasar y quisiera que yo compartiera ese momento con él.

-No fuiste al Instituto hoy- dije precipitadamente, rompiendo la repentina conexión que se había producido entre nosotros.
-Eh, cierto, tuve que atender unos asuntos familiares-movió la cabeza y frunció el ceño como si algo le molestara.
-Pasa algo?- pregunté e inconscientemente puse mi mano sobre su hombro. El contacto se sentía agradable. Podía sentir el calor de su piel bajo mi palma y como mis dedos de pronto comenzaban a arder.
-No es nada-dijo con voz tranquilizadora y giró su cabeza hacia mí. Recorrió mi rostro con su mirada y luego tomó’ mi mano libre- Es un lindo anillo-dijo observando la argolla que rodeaba mi dedo y que estaba coronada por una gran piedra blanca.
-Era de mi madre-contesté. Estaba acostumbrada a hablar de mi madre si nostalgia, pero por alguna extraña razón una oleada de tristeza me envolvió e inundó mis ojos de lágrimas. Dejé escapar un pequeño sollozo y luego sentí como uno de los dedos de Tomás secaba una de las lagrimas que bajaba por mi mejilla.
-No estés así por favor, me parte el alma verte triste-dijo como si de pronto se le hubiera acabado el aire. Levanté la mirada y pude ver como su expresión se veía torturada, dolorosa.
Tomó mi mentón con suma delicadeza y acercó su rostro al mío como en cámara lenta, dejándome sin respiración. Posó sus labios sobre mi mejilla, justo por donde antes rodaba la lágrima que el delicadamente había secado con sus dedos. Se acercó aun más y besó el lugar entre mi cuello y mi oído. Mi primera sensación fue de un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo e hizo que se me erizaran los cabellos de la nuca, después el frío cambió por un intenso calor que me inundó completamente, haciéndose más fuerte en el vientre.

-No puedo dejar de pensar en ti-susurró, rompiendo el silencio en el que nos encontrábamos. Se retiró un poco y entreabrió los labios dejando escapar un leve suspiro. Mis labios se entreabrieron también de manera automática y cerré mis ojos, esperando el inminente.
Sentí como unos pasos se aproximaban por entre los arbustos, lo que hizo que Tomás y yo nos alejáramos el uno del otro sin poder concretar ese tan ansiado beso.

-Danielle, por fin te encuentro niña, te he buscado por todas partes-dijo Clarice, con voz agitada y dificultad al respirar, como si hubiera terminado una carrera de 100 metros.
-Lo siento, perdí la noción del tiempo-dije entre risas nerviosas.
-Es mi culpa-replicó Tomás-la mantuve ocupada y bueno dicen que el tiempo vuela cuando te diviertes-añadió y sonrió ampliamente, dejando a la vista su brillante dentadura.
- Oh ya veo-contestó Clarice que cambió inmediatamente su expresión de preocupación a una pícara-Siento tener que robártela, pero debemos irnos-Clarice se giró para mirarme, su expresión parecía de disculpa.
-No te preocupes-contestó de manera caballerosa-Supongo que nos veremos mañana-dijo con voz serena y galante.
-Si claro, para el trabajo de música -repliqué inmediatamente para que Clarice no fuera a dejar volar su imaginación y comenzara a crear teorías sobre Tomás y yo- a las 2 te parece bien?-concluí mientras me ponía de pie para retirarme.
-La verdad es que preferiría que nos juntáramos más temprano, a eso de las 10-dijo con el semblante serio, algo que jamás había visto en Tomás-tengo la sensación de que el trabajo nos tomará mas de lo esperado-finalizó. Ahora su seriedad había cambiado simplemente a pura coquetería.

Reí nerviosamente e hice un gesto con la mano en forma de despedida. Clarice tomó mi mano y nos abrimos paso entre los arbustos, mientras nuestros tacos golpeaban sonoramente el sendero de piedra.

-Así que tu y el chico nuevo ah?-dijo en forma cómplice y con clara curiosidad.
-Tomás y yo somos solo amigos, compartimos tiempo debido a un trabajo para la clase de música, pero eso es todo-contesté controlando el tono de mi voz para que sonara segura y sin temblores.
-Está bien si tú dices que son solo amigos entonces te creeré- replicó de de forma amistosa y dulce, algo que la caracterizaba.
-Y como estuvo tu noche?-pregunté para desviar el tema de conversación.
-Bastante bien, la pasamos de maravilla-contestó alegre y entusiasta- y la tuya?- preguntó no se si por cortesía, o para sacarme información acerca de Tomás.
-Pues digamos simplemente que estuvo bien-mas que bien, dije para misma, sin embargo habia quedado con la sensacion de querer mas.













Amor


El amor no es definible, no porque carezca de definiciones, sino porque son demasiadas y aun así no son absolutas, ninguna llega completamente a entregar un completo significado.
El amor no se busca, se encuentra, el amor no desaparece, se transforma, el amor no es motivo de de sonrisas, las sonrisas son motivo del amor.
El amor es todo y es nada, es calor y frio, luz y sombras.
El amor no nos permite escoger, nos empuja en una dirección, sea o no la más razonable.
El amor es intensidad y sutileza, es drama y calma.
El amor nos eleva hasta el cielo y nos impulsa hasta el infierno.
El amor es una llama abrasadora que congela en su ausencia.
El amor tiene muchas características, todas prácticamente. Quien dice que el amor es un sentimiento, se equivoca, porque es la reunión de todos los sentimientos, formando lo más grande y maravilloso.
El amor nos impulsa a ser mejores, pero saca lo peor de nosotros.
El amor nos mueve, nos detiene, nos llena y nos vacía.
El amor es nuestro sustento, nuestra energía y nuestra fuerza.
El amor nos hace más fuerte, y nos debilita al máximo punto.
El amor no razona, actúa.
El amor es valiente y temeroso.
No existe el odio sino existe el amor.
No existe ningún corazón, que no albergue amor en algún rincón, pues si fuera así, ese corazón no latiría.
El amor es puro y total, el amor es para todos, pero solo algunos saben vivirlo.
Te amo, esta la declaración que requiere más coraje, pero es motivada totalmente por el miedo, miedo a perder, miedo a no tener, miedo a no vivir.
El amor un calor incesante que quema en el pecho.
El amor en su máxima expresión llena tu vida de luz, pero cuando no es correspondido te sumerge en las más profundas tinieblas.

El amor es vida, y vivir es amar.



Capítulo VII: Una Noche Para No Olvidar

La mañana siguiente desperté con una extraña sensación de ansiedad, como si algo me hiciera falta, como si me costara respirar, Tomás, pensé para mis adentros, él era la razón de sentirme así, no sabía que el amor podía ser tan fuerte, que iba a doler no estar con él, como si su presencia pudiera darme vida y su ausencia quitármela. Suspiré y me levanté para darme una ducha antes de salir al Instituto. Mi rutina fue de lo más normal esa mañana, me vestí, tomé desayuno, revisé la contestadora para ver si mi padre había dejado algún mensaje, cosa que no había hecho, y me dirigí a clases.

Como cualquier viernes entré al salón de idioma extranjero, francés, para ser más precisos. Tomé asiento junto a la ventana y me dispuse a prestar atención, pero al tiempo que la profesora comenzaba a dictar su clase mi mente comenzó a divagar en lugares extraños que me eran del todo desconocidos. Mi imaginación estaba trabajando al máximo, creando mundos donde solo existía Tomás y yo, posicionándome en escenas de película donde yo era la chica que esperaba el beso de su príncipe para despertar de aquel sueño profundo y me invitaba a ser parte de un cuento de hadas, de una historia de amor sin fin. Suspiré profundamente e intenté seguirle el hilo a las ideas que fluían en mi mente.

-Señorita Dupont-exclamó la profesora de francés- Le hice una pregunta- dijo con mirada acusadora.

-Lo siento, ¿podría repetirla?- dije encogiéndome un poco y haciendo una mueca de disculpa.

-¿Podría usted traducir esta frase?- hizo un gesto de aclararse la garganta y abrió la boca para hablar- Je t'aime et vous suivra tout au long de la vie comme le soleil chasse la lune chaque jour, mais ne peut jamais atteindre- dijo lanzándome una mirada que claramente indicaba que me estaba retando.

-Claro que puedo-dije un tanto pagada de mí misma, el francés no era mi lengua materna, pero gracias a mi padre lo dominaba casi en su totalidad, ya que consideraba muy importante relacionarse con nuestras raíces- Usted dijo-contesté mientras tragaba saliva, debido a que el texto me hizo pensar en Tomás- Te amo y te seguiré toda la vida como el sol persigue a la luna cada día aunque no pueda alcanzarla jamás- explique haciendo una mueca de orgullo de manera de demostrarle que su misión de dejarme en vergüenza no había dado resultado. Nunca entendí completamente el afán de la señora Truman de intentar humillarme frente a la clase, quizás tiene que ver con el hecho de que mi manejo del idioma francés era mejor que el de ella, o simplemente porque tenía algo en mi contra, sin importar cuales fueran sus verdaderas motivaciones, siempre estaba intentando dejarme en ridículo, cosa que, afortunadamente, nunca conseguía.

-Eso está correcto-dijo la señora Truman con cierta molestia, el fuego en sus ojos ardía con potencia como si se estuviera aguantando un par de venenosas palabras. Pero en vez de acuchillarme con mordaces frases, se giró hacia el pizarrón, dio vuelta la página del libro y siguió dictando su clase.

Me sumergí en mis pensamientos nuevamente, por lo que el resto de la hora se me hizo sumamente corta. El timbre me tomó desprevenida por lo que me hizo dar un salto en mi asiento y botar mis lápices. Me apresuré en recoger mis cosas y me dirigí a mi casillero para tomar el libro de mi siguiente clase. Cuando llegué al casillero 218, que era el mío, Clarice estaba esperándome con una gran sonrisa.

-Hola Clarice- exclamé devolviéndole la sonrisa y dándole un beso en la mejilla- ¿Cómo estas?- pregunté mientras ponía mis libros dentro del casillero.

-Extremadamente ansiosa por lo de esta noche- replicó entusiasmada.

-¿Lo de esta noche?- contesté algo confundida.

-¿No te habrás olvidado de que hoy es el baile de bienvenida verdad?- dijo abriendo los ojos como platos.

-Ah, por supuesto que no lo he olvidado, solo estaba bromeando- mentí e intenté disimularlo con una sonrisa. No recordaba nada sobre el baile de bienvenida, había estado tan distraída que ni siquiera había puesto real atención a las conversaciones que tenía con mi amiga, la verdad es que no había prestado atención a nada de lo que había ocurrido a mi alrededor los últimos días, lo único que ocupaba mi mente era Tomás y sus cautivantes ojos grises.

-Bueno Josh y yo pasaremos a buscarte a las 8 pm- dijo mientras caminábamos por el pasillo rumbo a la siguiente clase que compartíamos.

-Está bien, pero ¿es necesario que vaya?- pregunté. Nunca había sido una persona que no le gustara divertirse, pero los bailes de secundaria nunca me habían llamado demasiado la atención.

-Danielle por favor- dijo en tono suplicante- lo prometiste, además es el último baile de bienvenida en el que participaremos, recuerda que el próximo año estaremos en la universidad y allí no hacen este tipo de bailes- explicó de manera seria, Clarice solo utilizaba ese tono cuando estaba tratando de convencerme de que hiciera algo que no quería, y por desgracias, siempre resultaba.

-Está bien- rezongué- pero debes prometerme que no me dejaras sola y no dejarás que haga el ridículo en la pista de baile tampoco- dije tratando de alivianar la conversación.

- Por supuesto que no ¿Qué clase de amiga crees que soy?- contestó entre risas mientras ingresábamos al salón donde se impartían las clases de cocina.

Las horas que faltaban para el almuerzo pasaron rápidamente y me sentía ansiosa, ya que sabía que allí podría ver a Tomás. Josh, Clarice y yo nos reunimos en la entrada y nos sentamos en nuestra mesa de costumbre.

- ¿Buscas a alguien?- preguntó Josh con una sonrisa pícara que le llenaba el rostro.

-No a nadie- me apresuré en decir- ¿Por qué lo preguntas?- contesté algo a la defensiva.

-Por que desde que llegamos a la cafetería tu mirada ha recorrido unas cien veces el lugar- dijo como si mi respuesta lo hubiera divertido.

-Yo solo estaba…- intenté formular una respuesta convincente que no me delatara. Por suerte Clarice nos interrumpió.

-Basta con el interrogatorio Josh- le dijo de manera juguetona a su novio mientras se acercaba a el de manera que sus narices se rozaran.

-Por ti cualquier cosa- respondió el muchacho de manera pícara, mientras se acercaba más a ella para que sus labios se tocaran y se fundieran en un dulce beso. Clarice sonrió cuando sus rostros se apartaron y luego se inclinó al él nuevamente para besarlo, aunque esta vez de manera más apasionada.

No es que me molestara que mis amigos estuvieran juntos y se demostraran su amor en público, pero aún así me sentía algo incómoda.

-No quiero interrumpirlos muchachos, pero debo irme a clases- expliqué mientras me paraba de mi asiento y tomaba mis cosas.

-Lo siento cariño- se disculpó Clarice, aunque se reía por lo bajo al igual que Josh.

-Nos vemos en la tarde entonces- dijo el muchacho de cabellos rubios.

-Si, claro- respondí simulando una sonrisa de entusiasmo por el panorama.

Salí de la cafetería recorriéndola con la mirada por última vez para ver si encontraba a Tomás, pero para mi desgracia el chico que me robaba el sueño no se encontraba allí. Suspiré decepcionada y me dirigí hacia el gimnasio para mi última clase.

La clase de Gimnasia se me hizo bastante corta a decir verdad, probablemente porque disfrutaba del ejercicio físico y me daba la oportunidad de distraerme de todas las preocupaciones que inundaban mis pensamientos.

Una vez en casa Lila anunció que en un par de horas estaría listo el pavo y que papá había llamado y había dejado un mensaje en la contestadora. Le di las gracias a Lila y subí a mi habitación con desgano.

La luz roja de la contestadora de mi habitación parpadeaba insistente esperando que alguien presionara el botón. La maquina anunció un mensaje de voz, soltó un pitido y luego se escuchó la voz de mi padre. El mensaje explicaba que por cuestiones de negocios su viaje se alargaría algo más de una semana, que había echo una transacción a mi cuenta para sustentarme los días que faltaban y que me cuidara mucho.

Encendí el computador para revisar mis mensajes y mientras el aparato se prendía fui al baño para echar un vistazo a mi aspecto. Las ojeras formaban profundos surcos debajo de mis ojos, pero si dejaba eso de un lado no me veía tan mal. Revisé los mensajes de la bandeja de entrada y luego apagué la maquina.

Observé la hora en el reloj que se encontraba en mi mesa de noche, aún faltaban unas tres horas y media para que Clarice y Josh pasaran a recogerme, lo que me daba bastante tiempo para descansar antes de comenzar a arreglarme, no es que se pudiera hacer mucho, pero algo de maquillaje y algo de fijador en el cabello no me sentarían nada mal para el baile.

Me tendí sobre la cama y observe el techo blanco, había algo en él que me causaba tranquilidad, una falsa sensación de paz bastante agradable. Cuando estuve relajada mi mente comenzó a divagar nuevamente como esta mañana en clases y empezó a formular alocadas teorías sobre la extraña ausencia de Tomás el día de hoy, pronto las teorías comenzaron a transformarse en fantasías donde Tomás y yo estábamos juntos y sus labios se posaban sobre los míos con urgencia buscando el calor de mi lengua y con sus manos recorría mi espalda, sin querer una sonrisa se dibujo en mis labios ante la idea de esa provocativa situación, cerré los ojos y deje que mis pensamientos tomaran su curso.

-Cariño, Clarice te llama por teléfono- anunció Lila desde el piso de abajo.

La voz de Lila me tomó por sorpresa haciéndome dar un salto, no me había dado cuenta pero en algún minuto me había quedado dormida.

-Gracias Lila, contestaré aquí arriba- le contesté a la adorable mujer. Puse el auricular junto a mi oído y abrí la boca para hablar.

-Hola Clarice, ¿Qué cuentas?- dije refregándome los ojos para quitarme la somnolencia que aún me invadía.

-Hola, solo llamaba para confirmar que irías al baile y que pasaremos por ti en dos horas- dijo con un tono entusiasta en su voz.

Dos horas!, Oh no, aún tenía que ducharme y arreglarme para el baile, no debería haberme tendido sobre la cama, ahora estaba atrasada.

-Claro, en dos horas entonces- contesté, intentando disimular mi nerviosismo- Adiós- finalicé.

-Nos vemos- replicó la muchacha de contextura delgada y cabellos castaños claros que había sido mi amiga desde que podía recordar.

Colgué el teléfono y puse mi rostro entre mis manos presionando fuerte para liberar mi tensión. Bajé casi corriendo las escaleras para pedir la ayuda de Lila.

-Lila estoy atrasada para el baile, ¿Crees que puedas ayudarme con el cabello y el maquillaje?- dije con tono de desesperación.

-Claro cariño, no tienes ni que pedírmelo, sube, dúchate rápido y luego iré a tu habitación a ayudarte- dijo mientras sus labios dibujaban una sonrisa que le llenaba el rostro.

-Gracias Lila, eres un amor- repliqué, mientras suspiraba aliviada.

Subí corriendo, me quité la ropa a tal velocidad que las prendas quedaron regadas por toda la habitación. Abrí el agua y tomé la ducha más rápida de mi vida. Envolví mi cuerpo en una toalla y salí del baño para buscar algo que ponerme. Me puse las bragas y un sujetador sin tirantes, me coloqué una bata de seda blanca y llamé a Lila para que me ayudara con todo el proceso que correspondía a la preparación para un baile. La mujer entró apresuradamente en mi habitación y puso una serie de estuches y utensilios para el cabello sobre el mesón de baño.

-Bueno aquí vamos- pronunció Lila mientras alcanzaba unas peinetas y una lata de fijador.

Puso una silla frente al lavatorio pero de espaldas al espejo, al parecer quería que fuera sorpresa. Bastantes minutos y tirones de cabello más tarde la mujer anunció que había terminado.

-Quedaste preciosa- dijo con la voz casi quebrándosele por la emoción- ponte el vestido para poder maquillarte- dijo con cierta autoridad, pero de manera suave para no hacerlo sonar como una orden.

-Deja echar un vistazo a como quedé y me lo pongo- contesté intentando darme vuelta para mirarme en el espejo, pero en ese mismo instante Lila me tomó por los brazos.

- Por supuesto que no, quiero que el resultado final sea una sorpresa- dijo con sonrisa picarona.

Hice una mueca de disgustó y suspiré mientras me dirigía mi armario para seleccionar un vestido. Abrí las puertas de par en par y observé detenidamente cada uno de los vestidos que aún estaban en sus bolsas. Papá insistía en traerme un vestido a la vuelta de cada uno de sus largos viajes, por lo que tenía muchos de donde escoger para el baile. Jugueteé con mis dedos entres las bolsas y perchas y por fin encontré un color que me llamó la atención, era un color entre azul y gris, lo que me recordó los ojos de Tomás. Descolgué el vestido y lo puse sobre mi cama para retirarle la bolsa protectora. Cuando lo abrí pude verlo completamente y apreciar los hermosos detalles y terminaciones, era exquisito. Escuché a Lila tras de mí inhalar muy fuerte cuando liberé el vestido de la bolsa y la percha, lo que me indicó que ese era el indicado. Me quité la bata e ingresé con delicadeza en el para no estropearlo. Lila me subió el cierre y cuando estuve lista me senté nuevamente en la silla que habíamos puesto a modo de tocador en el baño. Esperé allí mientras Lila salía de la habitación sin dar explicaciones. Me sentí muy tentada a mirarme en el espejo, pero decidí resistirme, Lila quería que fuera una sorpresa, y me sentía bien agradando a la mujer que había cuidado tanto de mí, especialmente desde que mamá me había dejado sola.

Lila entró a la habitación con un estuche lleno de maquillajes.

-Eran de tu madre-dijo con dulzura- estoy segura que le gustaría verte así- pronunció mientras acariciaba mi rostro con dulzura.

Me limité a sonreír y cerré los ojos para dejar a Lila terminar su trabajo. Unos diez minutos más tarde sentí como la mujer quitaba sus manos de mi rostro y me giraba hacia el espejo.

-Listo-dijo con entusiasmo-abre los ojos-habló con gran alegría.

Abrí mis ojos lentamente, preparándome para la impresión del cambio, pero definitivamente no estaba preparada para lo que vi.

-Eres el vivo retrato de tu madre- dijo Lila mientras secaba una lágrima.

La respiración se me hizo difícil, pero apreté los puños y me obligué a mi misma a mantener la compostura, después de todo me había prometido no volver a llorar por nada después de la muerte de mi madre, ni siquiera con su recuerdo. Pero aún así podía sentir la angustia en la garganta y las lágrimas precipitándose a mis ojos. Me di la orden mental de respirar profundo y lo hice. Con gran esfuerzo esbocé una sonrisa. Abracé a Lila con todas mis fuerzas y me miré una vez más al espejo cuando sonó el timbre.

-Esos deben ser tus amigos Danielle- dijo Lila-Iré a abrirles- articuló mientras se dirigía hacia la puerta de mi cuarto.

-Gracias-añadí, mientras la mujer bajaba aceleradamente las escaleras.

Mis palmas comenzaron a sudar sin control debido al nerviosismo, pero me dije a mí misma que debía calmarme, que este baile no era anda del otro mundo, era un mero evento formal para dar bienvenida a las clases. Era insensato ponerse así, pero bueno, era mi primer baile y tenía derecho a estar un poco nerviosa.

-Detente-dije en voz baja solo para que fuera audible para mí misma. Respiré hondo y me concentré en el ritmo de esta. Siempre lograba calmarme de esa manera. Mi madre desde pequeña me había enseñado a calmarme de ese modo. Y eso era algo que ponía en práctica hasta el día de hoy, incluyendo esta noche

Tomé una mantilla gris con brillo, para cubrirme los hombros, y así protegerme del frío de la noche, ya que el vestido no tenía hombros y llegaba tan solo hasta la rodilla. Tomé también una cartera de mano, donde puse algo de brillo labial, mis llaves, la tarjeta de crédito que papá me había dado y mi celular. Bajé las escaleras un tanto nerviosa y ansiosa por la reacción que Clarice y Josh tendrían al verme, y en parte también por el temor a caerme en los finos tacos color plata que llevaba.

Observé detenidamente por última vez mi reflejo en el gran espejo del pasillo, despejé mis pensamientos y por alguna extraña razón tuve el presentimiento que esta sería una noche que no olvidaría jamás.

Capítulo VI: Nuevas Sensaciones


Los días siguientes pasaron sin novedad, exceptuando por los días en los que vi a Tomás por los pasillos del instituto y el me saludaba con un gesto o me dedicaba una sonrisa, y yo como una tonta bajaba la cabeza sin saber que hacer. Cuando esto ocurría mi cuerpo se comportaba de una manera increíblemente extraña, las rodillas volvían a temblarme, como en oportunidades anteriores cuando él estaba cerca, mis manos sudaban, mi estómago se sentía muy extraño, como si algo estuviera vivo dentro de el, supongo que eso es a lo que llaman mariposas, y mis mejillas se encendían tornándose de un rojo intenso, o al menos así las sentía yo.
Era jueves y mi pesadilla estaba por comenzar, no quería tener que verlo a solas, por que sabía lo que me pasaba cuando lo miraba, pero aún así me sentía ansiosa, era como si necesitara verlo, algo estúpido por supuesto, como podía necesitar a alguien que apenas conocía, alguien con quien solo había compartido breves momentos, pero por algún extraño motivo, lo necesitaba.
Caminé hacia la cafetería después de despedirme de Josh en la puerta del salón de francés. Caminar hacia el encuentro con Tomás se sentía como una marcha hacia un inminente destino, cada paso que daba resonaba en mi cabeza y me hacía sentir más nerviosa de lo que nunca antes había estado. Doblé por el pasillo y lo vi, estaba parado en la puerta de la cafetería mirándose los zapatos al parecer. Suspiré y me acerqué, deseando no caerme o algo por el estilo.

-Estás listo-dije con la voz un poco ahogada por el nerviosismo que me causaba su presencia.
-Por supuesto-dijo mientras guiñaba un ojo de manera coqueta.

Ese gesto me hizo derretirme. Tragué saliva sonoramente y abrí la boca para hablar, pero las palabras sencillamente no salían, como si estuvieran atrapadas en un lugar de mi garganta formando un nudo que me imposibilitaba expresarme. Volví a tragar saliva, casi dolorosamente esta vez, y me armé de la valentía para hablarle sin titubear.

-¿Viniste en tu auto?-pregunté con curiosidad y la boca seca por el esfuerzo que me requería hablarle, sin sentir el impulso de decir algo estúpido y fuera de contexto que arruinara toda mi serenidad y revelara mis sentimientos que tanto trataba de ocultar.
-No, la verdad es que lo dejé en casa, pensé que sería mejor que compartiéramos el tuyo-añadió junto con una gran sonrisa, esa sonrisa que me cortaba la respiración. Abrí los ojos como platos. El solo imaginarme tenerlo cerca, en mi auto, estando solos, me hacía estremecer-Si no te molesta claro-dijo poniendo cara de serio.
-Claro que no-las palabras salieron de mi boca antes que pudiera pensarlas. Tendría que tener cuidado, no podía evitar decir la verdad cuando estaba cerca de él y eso podía terminar jugándome en contra.
Caminamos juntos hacia el estacionamiento, siempre en silencio. Yo iba aferrada con las dos manos a mis libros y el llevaba una de sus manos en el bolsillo y la otra la utilizaba para afirmar su mochila.
El estacionamiento estaba repleto, había chicos por doquier. Hice un esfuerzo para llegar a la puerta del piloto de mi auto, ya que el auto al lado del mío estaba muy cerca. Tomás iba detrás mío, creo que no se dio cuenta que habíamos llegado al que era mi vehículo, ya que en vez de dar la vuelta para subir al asiento del copiloto, estaba a mis espaldas.
-Este es-dije indicando con la mano.
-Lo siento daré la vuelta-dijo sonriendo torpemente.
Miré como Tomás intentaba dar la vuelta por detrás, pero no lo logró, debido a que los chicos del vehículo siguiente bloqueaban la pasada. Dio media vuelta y se dirigió hacia mí.

-Creo que tendré que pasar por aquí-dijo algo nervioso.

El espacio era muy estrecho, por lo que tendría que pasar muy pegado a mí para lograrlo. La perspectiva de tenerlo tan cerca, me hizo poner nerviosa y mis palmas comenzaron a sudar.

-Claro-añadí, intentando ponerme de lado para ocupar menos espacio. Logré ganar un par de centímetros, pero no los suficientes para evitar que su cuerpo pasara rozando el mío. Con cuidado, se puso de lado también y caminó lentamente, pude sentir como su cuerpo se pegaba al mío, él era bastante más alto que yo, pero igualmente nuestros cuerpos se rozaban. Ese día hacía calor, por lo que el traía una palera de manga corta y yo una con tiritas, por lo que pude sentir su piel desnuda en contacto con la mía. Sin querer puse mis manos sobre su torso para evitar que me aplastara y pude sentir sus músculos a través de la ropa. M0rd’i mi labio inferior inconscientemente por el deleite que me causaba su cercanía. Tomás era un chico delgado, pero su cuerpo era muy atlético. Cuando me apoyé, el me miró de manera intensa y cautivadora, como si disfrutara tanto como yo ese leve contacto. A pesar de su altura, nuestros rostros se encontraban a pocos centímetros de distancia.
Esto me hizo sentir de manera muy extraña, más que de lo costumbre, jamás había sentido algo así. El me gustaba y mucho, eso estaba claro, pero no era solo eso, era más. Una extraña sensación de calor recorrió mis venas e hizo que me sonrojara, mi respiración se aceleró y pude notar que la de Tomás también. Y fue entonces cuando me di cuenta de lo que era esta nueva sensación. Yo deseaba a Tomás. Comencé a imaginar sus manos recorriendo mi piel, su boca en mis hombros, mi cuello, besando intensamente mis labios, dejándome sin respiración. Mi temperatura aumentó aun más. Mordí mi labio aun mas y el sonrío, lo que me hizo sentir muy avergonzada. Miré hacia abajo para ocultar la vergüenza gigante que estaba pasando y deseé con todas mis fuerzas que no se diera cuenta de lo que pasaba por mi mente.
Dio la vuelta al auto y se subió en el lado del copiloto. Cuando se sentó yo ya estaba adentro y con las llaves puestas en la partida. Lo miré de reojo mientras se abrochaba el cinturón y puse el vehículo en reversa para salir del estacionamiento, al principio me costó debido a la gran cantidad de gente que estaba allí, pero hice rugir el motor de manera que se dieran por entendidos que me pondría en marcha tanto como si ellos salían de mi camino o no.
Ya estábamos en la carretera camino a casa cuando Tomás giró su atlético cuerpo hacia mí.

-¿Has pensado en qué clase de canción presentaremos para el trabajo?-dijo claramente tratando de hacer que el viaje fuera algo menos incómodo, dado que hasta ahora habían sido 5 minutos de profundo silencio.
-No, la verdad es que no, no he tenido para pensar en ello-contesté sin quitar la vista de la vía-¿y tú?-pregunté de forma automática, como por reflejo.
-Estaba pensando en algo así como una canción romántica o algo de ese estilo, tengo algunas ideas, pero nada concreto-suspiró e hizo una mueca como de disgusto.
-Si, creo que es una buena idea-repliqué, aunque no me lo parecía mucho, lo menos que quería en este minuto era sentirme romántica cerca de Tomás.

El muchacho sentado en el asiento del copiloto sonrió debido a la aceptación de su idea o quizás por algo más. Giró su cabeza nuevamente para mirarme y sin pensarlo, me giré a mi misma para encontrar su mirada.
Nuestros ojos se toparon y aunque fue solo un par de segundos me pareció eterno. Una eternidad angustiantemente provocadora y que me encontré a mi misma anhelando cada vez mas.
Nos acomodamos nuevamente en nuestros correspondientes asientos y no volvimos a dirigirnos la palabra o la mirada hasta que llegamos a casa.

-Bueno, aquí es-dije mientras aparcaba el auto en la acera.
-Linda casa-dijo intentando ocultar su impresión.
-Gracias, pero no te sorprendas, no es nada fuera de lo común, solo es grande-dije tratando de hacerlo sentir menos intimidado por la gran casa que se alzaba ante nosotros-demasiado grande incluso para mi gustó-repliqué.

Apagué el motor y bajé del auto. Tomás hizo lo mismo.
Caminé hacia la entrada y pude sentir los pasos de Tomás detrás de mí, abrí la puerta y le hice un gesto de que pasara, ingresé la clave en la alarma y cerré la puerta tras nosotros. Lila salió a recibirnos.

-Hola cariño, ¿quién es tu amigo?-preguntó la amable mujer con notoria curiosidad por el muchacho que me acompañaba.
-Hola Lila, el es Tomás, es un compañero del instituto, está aquí para hacer un trabajo-le contesté- Tomás, ella es Lila, es nuestra ama de llaves.
-Mucho gusto-dijo Tomás extendiéndole la mano la cual Lila recibió cordialmente.
-¿Quieren algo de comer?-inquirió Lila.
-Más tarde quizás-repliqué-tenemos que apresurarnos si queremos terminar el trabajo hoy-dije observando el reloj en la pared.
-Está bien cariño, pero cualquier cosa me avisas-dijo mientras me regalaba una amplia sonrisa que hacía que se le marcaran las arrugas.
-Claro-agregué.
-Por aquí Tomás-le indiqué para que me siguiera.

Entramos en mi habitación, dejamos los bolsos en un rincón y nos sentamos en el sofá con cuadernos en la mano para anotar las ideas. Estuvimos en silencio mucho tiempo hasta que Lila llamó a la puerta.

-Cariño les traje unas galletas y algo de jugo-dijo dejando la bandeja sobre el escritorio.
-Gracias Lila, pero no era necesario-le dije haciendo una mueca de reproche.
-Lo sé Danielle, pero la verdad es que les traje algo ahora, ya que si lo piden más tarde no estaré aquí porque voy al supermercado, estarán solos u par de horas-dijo guiñándome un ojo. ¿Qué se supone que significaba eso?
-Solos…-repliqué tragando saliva sonoramente.
-No te preocupes, no será mucho tiempo-dijo mostrando una sonrisa picarona.
-Está bien-dije rezongando un poco-vuelve pronto.
-Adiós-dijo Tomás con una voz sumamente cordial.
-Adiós-respondió Lila. Escuché cuando Lila cerró la puerta de entrada y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Tomás y yo estábamos solos.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-inquirió Tomás.
Sin pensarlo me giré para observar su rostro y quedé hipnotizada por sus ojos.
-Claro-dije casi embobada por su mirada. Era patética la manera en que sus ojos me atrapaban como si una fuerza invisible me obligara a observarlos con detenimiento y perderme en ellos sin querer encontrar la salida
-No es que quiera ser entrometido ni nada de eso, pero la verdad es que me gustaría conocerte un poco más-dijo con esa sonrisa suya que me quitaba el aliento y la cordura-¿Vives con tus padres?-preguntó con verdadero interés.
-Solo con mi padre, mi madre murió de cáncer cuando yo tenía 5-contesté.
-Lamento oír eso-añadió con un poco de tristeza, como si hubiera tocado un tema delicado.
-No te preocupes, después de tantos años me es más fácil hablar de ello-dije para despreocuparlo-¿y tú con quien vives?-no lo dije por cortesía, de verdad quería saber todo sobre él, aunque sabía que esto me traería problemas a la larga.
-Vivo con papá hace tres años, mis padres se divorciaron hace 5 y mi madre volvió a casarse, y la verdad es que no me gustaba mucho el tipo, así que decidí irme a vivir con papá-dijo de forma madura, no podía creer que un chico de 17 años pudiera tomar las cosas con tanta sensatez, la única persona que conocía así era yo misma.
-¿Y tienes algún pasatiempo o algo así?-añadí.
-Si, me gusta tocar el piano y práctico natación-contestó con gusto. Ahora entendía de dónde sacaba esos músculos, esa figura perturbadoramente admirable, ese cuerpo tan atlético y deseable. Meneé la cabeza para sacar las ideas de mi mente.
-¿Y tú que haces?-preguntó con curiosidad.
-Yo toco la guitarra y compongo música-dije observando sus cautivadores ojos.
-¿Tocarías algo para mí?-me solicitó. Su mirada era dulce cuando realizó su petición y se mordió ligeramente el labio inferior como en forma de una juguetona suplica.
-Claro-dije. Me era imposible rehusarme a sus peticiones. Me levanté y tomé la guitarra, volví a sentarme en el sofá. Medité por un segundo lo que iba a tocar, y entonces recordé la melodía que había compuesto unos días atrás y comencé a hacer bailar mis dedos entre las cuerdas.
-Vaya eso es hermoso-exclamó cuando terminé de tocar-deberíamos usarla para el trabajo de música-dijo entusiasmado.
-Claro-dije contagiada con su entusiasmo.
-Mira que tal si tú tocas la guitarra, yo toco el piano y nos juntamos el sábado en mi casa para escribir la letra-dijo con una amplia sonrisa como si de pronto todo encajara.
-Me parece bien-asentí.
-Bueno, entonces si ya terminamos creo que debería irme.
-No, dije algo más alto de lo que debía-es decir, porque no comes de las galletas que nos trajo Lila, no querrás decepcionarla verdad-dije tratando de disimular las verdaderas razones por las que quería que se quedara. Me miró y sonrío ampliamente como si hubiera estado esperando que lo detuviera. Acaso era mi imaginación o yo le gustaba a él también. No eso no podía ser.
-Está bien, pero con una condición-dijo de manera traviesa.
-¿Condiciones?-pegunté extrañada.
-Quiero que me hables más sobre ti-dijo con su adorable sonrisa en el rostro-así que ¿qué dices?-parecía regocijarle la idea de conocerme, por alguna extraña razón sentía interés por mí.
-Está bien-dije rendida, seguía sin poderme rehusarme a él y creo que ya lo había notado.

Hablamos largamente, me preguntó por mis pasatiempos, mis amigos, mis gustos y yo hice lo mismo. El era tan fascinante, no podía creer que un chico tan guapo fuera también tan inteligente y tan profundo. Era como si cada una de las cosas que decía me inundara y me permitiera navegar entre sus pensamientos y su corazón. Sus palabras sonaban tan sinceras, como si tuviera total confianza en m’ y no tuviera miedo de mostrarse tal y como era, o al menos así lo percibía yo.

-Ultima pregunta y me voy ¿de acuerdo?-dijo dedicándome una media sonrisa. Hizo un gesto como si estuviera meditando que era lo mejor para preguntar hasta que pareció decidirse.
-¿Tienes novio?-dijo mientras me miraba fijamente a los ojos lo que me hizo sonrojarme.
-¿Para qué quieres saberlo?-dije poniéndome inmediatamente a la defensiva.
-Danielle, solo limítate a responder la pregunta por favor, no te me pongas difícil-añadió mordiéndose un poco el labio inferior lo que le dio un aspecto juguetón y seductor.
-No-dije mirando al suelo para evitar pensar en lo mucho que quería besarlo en ese momento, en lo mucho que sus labios me provocaban e invitaban a danzar en un interminable beso. En lo mucho que deseaba que él fuera novio.
-Es bueno saberlo-dijo como si lo que hubiera escuchado le hubiera sido muy agradable.

Quise interrogarlo, preguntarle acerca del porque de su aparente alegría por el hecho de que no tuviera novio, más sin embargo las palabras se tropezaban en mi mente sin firmar pensamientos coherentes.
-Oh- fue lo único que logré articular. Guardé silencio y no supe que más decir al respecto.

-Ahora de veras debo irme- dijo mirando la hora en su reloj y luego mirándome a mí. Su boca decía que debía irse, pero pude ver en su rostro que no quería marcharse, quizás tanto o más como yo quería que se quedara.
-Llamaré un taxi-dije con algo de decepción en mi expresión.

El taxi, para mi mala suerte, se demoró menos de 5 minutos en llegar. Acompañé a Tomás hasta la puerta, aunque lo que realmente quería hacer era perderme entre sus brazos y recorrer sus labios con los míos, descubrir su sabor, acariciar su lengua con la mía y enredar mis dedos entre su brillante cabellera.

-Bueno, creo que es hora de decir adiós-dijo Tomás suspirando.
-Si, creo que sí-dije con tristeza en la voz-supongo que nos vemos en el Instituto-añadí.
-Claro, cuento los minutos para volverte a ver-dijo sonriendo y manteniendo su vista fija en mí. Sus palabras me hicieron sonrojarme de manera extrema.

Me acerqué para besar su mejilla, concentrándome y diciéndome a mí misma que no hiciera nada estúpido. Estaba tan cerca de él que podía sentir su respiración, su perfume y el calor de su piel. Mis labios se acomodaron para besar suavemente su rostro, pero él se movió un poco por lo que mis labios rozaron la comisura de los suyos.
Se apartó de mí y se subió al taxi. Entré a la casa y cerré la puerta tras de mí. Toqué mis labios tibios aún por ese leve roce. Ya no podía negar más esa sensación, no podía negar lo que estaba ocurriendo, y la verdad es que ya no quería seguirlo haciendo. Yo estaba inequivocamente enamorandome de Tomás.