Salidas Nocturnas


Un sábado por la noche cualquiera, de paseo por Pio Nono, en el barrio bellavista, aun no son las once y los bares ya están repletos de jóvenes que salen a divertirse, risas, conversaciones, mesas abarrotadas de gente con un solo propósito, pasar un buen rato.
Lentejuelas, tacones, y alcohol son la temática de la noche. Niñas paseándose y haciéndose las conocedoras. Cerveza chorreando por todos lados, aquel olor empapa el ambiente, y envuelve a la masa en un estado zombi acompañado de carcajadas sin sentido.

Pasado las once la gente sigue llegando, y más de uno ya paso sus límites y está completamente arriba de la pelota.
Entro a Patio Bellavista, y todo cambia, la gente habla, huele y hasta ríe diferente. Las mesas adornadas no tienen ninguna cerveza. Aquí ya no se toma, se bebe. Pisco sour, vino y tragos exóticos.

Dos realidades completamente distintas, afuera reggaetón, cumbia, dentro el mejor guitarrista de blues de Sudamérica deleita mis oídos con sus deliciosas melodías.

Dos y media de la mañana y vamos en busca de un taxi, la gente afuera ya ni siquiera camina correctamente, y más que arriba, ya están todos dentro de la pelota y algunos abajo de ella.

Aquella niñas ya no se ven por ninguna parte, y realmente no quiero imaginar donde están.

Lentejuelas, tacones, y alcohol son la temática de la noche. Honestamente no quiero ser parte de ello.

Fantasmas


Últimamente me he sentido atormentada por los fantasmas del pasado, esas sombras invisibles que me persiguen a donde quiera que vaya y que siempre han sabido encontrarme. 
Desconozco la razón por la cual estos últimos días han decidido salir a la luz y han comenzado a molestarme, pero algo si se, y es que han cumplido su cometido.
Me siento insegura, aunque todos me den certeza de que solo son imaginaciones mías, no sé, pero por alguna extraña razón siento que hay más, algo mas, lazos que aunque no se sientan, quedan, perduran, y en algún momento, unen nuevamente.
Quizás veo cosas donde no las hay, o quizás si, es por esto que no puedo ignorar aquello que grita dentro de mí, y lo sé, con todo mi ser lo sé, me asusta, me pone vulnerable, más de lo que ya soy, más de lo que fui, y me hace llorar, después de meses sin derramar lagrimas, ellas brotan de mis ojos y ruedan por mis mejillas, bañándolas del miedo que mi corazón siente.
Me dices que no tema, independiente de lo que pase siempre volverás, porque es profundo, pero no lo es el otro lazo también?
Te creo, pero aun así dejo cabida para la duda, siempre lo hago, es mejor vivir así, o al menos lo es para mí.
Por segundos me invade la locura y la angustia, pero luego recuerdo las promesas y los juramentos hechos, y vuelvo a la calma, serena y tranquila, vuelvo a creer y confiar, no volveré a caer en el estúpido error de aquella inseguridad, o al menos lo intentaré.
Quizás los fantasma reaparezcan otra vez, pero la próxima vez, cerraré los ojos y me refugiaré en tus brazos tibios, que me prometen que no hay nada que temer.



Por defecto Masoquistas


Hace un par de días me preguntaba, el porqué de muchas cosas y entre ellas, el porqué del gusto de hacernos daño.
Creo que el ser humano es por naturaleza masoquista. Tenemos conciencia del bien y el mal, o al menos la mayoría de nosotros lo hacemos, estamos consientes de que ciertas cosas y especialmente ciertas personas nos hacen sufrir, pero hacemos la vista gorda, haciendo caso omiso de las grandes heridas que nos causamos, manteniéndolas abiertas, y más aun agrandándolas con cada paso en la dirección equivocada.
Escuchar canciones tristes tras una ruptura o una desilusión, al borde de cortarnos las venas, permanecer en la oscuridad, llorar hasta deshidratarnos, todas cosas propias del hombre y la mujer. Pero es realmente algo sano? No lo creo, definitivamente no lo es. Lo peor del asunto? Lo sabemos, sabemos que está mal, sabemos que nos desgarra el alma aun mas, sabemos que hace que la sangre que corre en nuestras venas se haga más densa y nos cueste más aun vivir, hace que al aire pese y no sea capaz de ingresar a nuestros pulmones . Nos lleva a algún lugar? Quizás si, quizás no, quizás en algún momento nos lleva a decir, ya basta, es suficiente, debo salir de aquí. Deberíamos podernos dar cuenta antes, antes de estar hundidos en un hoyo, sin herramientas para poder salir.
Es acaso más masoquista alguien que se hace daño físico? creo que no, lo sé, y no me considero así, pero fui capaz de darme cuenta del error, y no volver a cometerlo. 
No renegaré de mi origen humano, y por lo tanto, no renegaré de mi masoquismo, es parte de mi, y realmente no me avergüenzo de ello, ya que eso sería avergonzarme de estar viva y de poder sentir, pero si hay algo que he de  intentaré de ahora en adelante y eso es no hacerme daño, de ninguna manera. Porque esta decisión? porque infringirme dolor es una acción egoísta, mi vida no soy solo yo, si sufro, no lo hago sola, si lloro, no lo hago sola, y eso si que no puedo permitírmelo, hacerle daño a alguien más, es algo que no me permito hacer.

Capítulo IX: El calor del momento



El trayecto a casa fue divertido. Josh subió el volumen del radio a todo lo que daba, y comenzamos a cantar a todo pulmón, hasta que se detuvo en la calle en la entrada de mi casa. Josh y Clarice bajaron para despedirse de mí, les di un fuerte abrazo a ambos, pero Clarice insistió en acompañarme hasta la puerta. Clarice se aferraba con fuerza a mi brazo y caminaba muy pegada a mí, entonces fue que supe que tenía algo que decirme. Nos detuvimos en la puerta y giré mi cuerpo hacia a ella para interrogarla. Sus ojos verdes parecían profundos y brillantes, llenos de ternura, pero también de duda.

-Suéltalo- le dije juguetonamente pero con un toque de autoridad.

La vi titubear,  pero pronto sus ojos se llenaron de un fuego de determinación.

-He tomado una decisión-dijo tragando saliva
-De que se trata, vamos no me dejes así?-le reproché.
-He decidido que estoy lista para dar el siguiente paso con Josh-susurro ruborizándose.
-Acaso estás hablando de…?- abrí los ojos y me quedé muda.
-Si  Elle, Josh y yo vamos a dormir juntos- su voz se escuchaba segura, podía notar que no había nada que pudiera hacerla cambiar de opinión-con Josh hemos hablado mucho el tema, y me siento preparada, me siento lista, quiero hacerlo, y justamente sus padres no estarán hoy en casa, así que…- desvió la mirada y comenzó a juguetear con la pulsera de brillantes que le adornaba la muñeca izquierda.
-Quieres decir que será esta noche…?-repliqué en voz baja, como teniendo cuidado de que nadie nos oyera, aunque a esa hora de la noche ya no había nadie en la calle que pudiera escucharnos.
-Exacto, por eso es que quería pedirte un favor-me miro a los ojos, podía ver como me rogaba con la mirada.
-Cualquier cosa por ti Clarice- lo decía enserio, ella era mi mejor amiga y estaba dispuesta a hacerla lo que fuera por ella.
-Le dije a mis padres que me quedaría en tu casa esta noche, y quería saber si podías cubrirme en caso de que mis padres decidieran llamar o algo así- suplicó. La luz de la luna le daba a sus ojos un candor especial, quizás era la luz, o quizás era las expectaciones que tenía para esa noche la que la hacían lucir de esa manera.
­-Por supuesto, no te preocupes, si ellos llaman les diré que estas durmiendo o algo así, no te preocupes yo te cubro, pero necesito que me prometas algo.
-Dime-asintió.
-Si tienes cualquier duda, recuerda que aun tienes tiempo de arrepentirte, no hay nada malo en ello-intenté no sonar como reprobando su conducta, la verdad es que no me parecía mal, pero quería estar segura de que Clarice no cometería un error.
- Te lo prometo, aunque no creo que eso pase-dijo esbozando una leve sonrisa.

La mire por última vez, esa sería la última vez que vería a Clarice como una niña, esta noche, aunque sonara como un cliché, se convertiría en una mujer, el sexo cambiaba muchas cosas.  Tome su cara entre mis manos y besé su mejilla haciendo un sonido estruendoso. La abracé con fuerza y le susurré.

-Suerte, cuentas con mi apoyo.
-Gracias- contestó mientras aun se encontraba abrazada a mí.

Nos apartamos y Clarice se dirigió hacia el auto donde Josh la aguardaba con una gran sonrisa en el rostro. Nunca he estado en contra del sexo prematrimonial, simplemente quería estar segura de que mis amigos estaban dando el paso correcto, y en mi corazón sabía que era así. No podía pensar en dos personas más preparadas que Josh y Clarice, su amor era infinito y estaban muy comprometidos el uno con el otro, y lo más importante, era que lo hacían por las razones correctas, por amor.
Esperé hasta que el auto se puso en marcha y Clarice me sopló un beso desde el asiento del copiloto, el cual le respondí. Observé el auto alejarse por la calle y luego me voltee para entrar a la casa. Dentro todo estaba muy obscuro, pero no quise encender ninguna luz para no despertar a Lila, quien dormía en el cuarto de huéspedes, como lo hacía cada vez que mi papa se encontraba fuera. Me quite los tacones para no hacer ruido y me dirigí escaleras arriba.
Cerré la puerta de mi habitación y encendí la luz. Arrojé los tacones en dirección al armario y fui al baño a quitarme el maquillaje y el peinado. Cuando estuve lista me quite el vestido, me puse el pijama y me deslicé bajo las frías sábanas. Intenté acomodarme en el suave colchón en el que tantas veces había encontrado refugio, pero me era inútil por alguna razón este me parecía demasiado incomodo, como si me fuera desconocido, o yo le fuera desconocido a él. Saque los brazos en una señal de rendición, el insomnio me ganaba y no había mucho que hacer por evitarlo.
La luz de la luna se colaba tenuemente a través de las cortinas haciendo que el cuarto estuviera apenas iluminado y dándole un aspecto ligeramente nostálgica. Me enderece un poco ii acomodé algunas almohadas para quedar semi sentada. Las palabras de Clarice me daban vuelta en la cabeza como un murmullo incesante. No tenía nada en contra de lo que Josh y Clarice harían esa noche, sabía que lo hacían por las razones correctas, por amor,  y que eran lo suficientemente responsables para entender las consecuencias y todo lo que conllevaba el sexo, por lo que también estaba segura de que tomarían las precauciones necesarias para evitar tipo de situaciones desagradables en el futuro.
Observe como la luz se reflejaba en un globo de nieve que estaba sobre mi escritorio y este parecía cobrar vida propia, como si fuera una pequeña nación viva dentro de un globo de cristal. Aquella bola d nieve había pertenecido  a mi madre y a su madre antes de ella, y quizás a cuantas mujeres más de la familia, era una especie de tradición. Cuando una de las mujeres de la familia cumplía 15 anos la bola de nieve debía pasar a las manos  la cual debería continuar la tradición. Mi madre no había sido capaz de aguantar hasta que yo tuviera 15, ni siquiera hasta que tuviera 5.
Recuerdo ese día en el hospital como si fuera ayer, las visitas eran limitadas, y no s ele permitía  a los menores de edad entrar a la habitación, pero mi madre hablo con una de las enfermeras de turno, la cual hizo una excepción y me dejo ingresar y sentarme en el borde de su cama. Una pañoleta fucsia cubría su cabeza y ocultaba el lugar donde antes su hermosa cabellera debería haber estado. Su piel era pálida como la nieve y las ojeras formaban oscuras marcas alrededor de sus ojos, mas sin embargo la dulzura de su mirada y la ternura de su sonrisa no habían desaparecido. Con cuidado sacó de entre las sabanas un objeto cubierto por una especia de paño celeste y lo puso en mis manos.

-Quisiera poder hacer esto de la manera correcta- pronunció con dificultad-pero el tiempo no está jugando a mi favor y no quiero perder la oportunidad de hacer esto por mí misma.
-Que cosa mami?- contesté con la dulce voz de niña que era.
-Esta bola de nieve perteneció a mi abuela, luego a mi madre, y ahora es tuya, debería entregártela cuando cumplieras 15, pero me temo que eso no será posible.
-Claro que si mami, puedes entregármela entonces, yo se que podrás-la alenté inocentemente.
-Creo que eso no será posible osita mía. No creo que pueda estar allí para entregártelo, al menos no físicamente-dijo con la voz quebrada-Veras a veces las personas no pueden estar siempre en los lugares que quieren estar, a veces las cosas cambias y uno debe irse antes de lo que quisiera y lamentablemente, ese es mi caso-dijo casi sin voz mientras una lagrima resbalaba por su mejilla.
-Pero mami yo no quiero que te vayas, no quiero que me dejes sola-sollocé.
-Jamás osita mía, jamás te dejare sola, quizás no puedas verme, pero siempre estaré ahí, en el viento, en el sol, en el cielo azul, siempre estaré cuidándote y protegiéndote, desde donde sea que este-prosiguió-siempre estaré contigo, siempre que lo necesites estaré contigo, te amo- concluyó. Ahora las lágrimas fluían en un torrente que bañaban su pálido rostro. Tomo mi cara entre sus manos y besó mi frente como solo una madre sabe hacerlo. Me acurruqué entre sus abrazos deleitándome en su aroma a lavanda y calidez, y caí en un sueño profundo sintiendo que cada una de sus palabras eran ciertas. Esa fue la última vez que la vi, la última vez que escuché su voz, la última vez que me sentí completamente segura.

Sentí como las lagrimas subían rápidamente a mis ojos y los desbordaban. Seque el agua con las sabanas y me dispuse a evadir aquella clase de recuerdos, al menos por esa noche.
Busque en los rincones de mi memoria algún recuerdo grato y el primero que mi vino a la mente fue el hermoso rostro de Tomas, la perfección de sus facciones y sus fascinantes ojos me elevaron y llevaron a un lugar grato donde solo era permitido sonreír. Cerré los ojos para concentrarme en su suave mirada y desee con todas mis fuerzas que el sol estuviera pronto a salir, para que así fuera la hora de poder verlo.
Un estruendoso sonido me despertó, repiqueteando en mis oídos, la alarma del celular sonaba y sonaba sin cesar. Observé la hora, eran las 9:45.

-Que?- grite en un tono muy alto de voz. Lo más probable es que dormida había apagado la alarma, y ahora estaba sumamente retrasada para juntarme con Tomas.

Me apresuré lo más que pude para evitar atrasarme más aun de lo que ya estaba. Abrí el agua de la ducha y terminé en un abrir y cerrar de ojos. Me puse los primeros pantalones que encontré y cuando estaba buscando una blusa o un top, el aparato celular sobre mi velador comenzó a vibrar y tocar Let it Be de los Beatles.

-Alo- contesté al presionar el botón del teléfono.
-Hola Danielle-escuché. Aquella voz me paralizó el corazón. Me tomó un par de segundos recobrar el ritmo normal de mi respiración y  encontrar algo cuerdo que decir.
-Hola Tomas- mi voz sonó casi como un susurro entrecortado.
-Bueno, estoy afuera de tu casa, esperándote-dijo con voz nerviosa. Ahora si los nervios se me iban de las manos y no podía controlarlos.
-Ya bajo-replique bruscamente y colgué con el botón rojo.

Cogí una blusa color marfil de manga corta y la abotoné rápidamente, tomé un par de cosas y las puse un morral, me puse la guitarra al hombro y corrí escaleras abajo.
Tomas parecía un ángel apoyado en su auto en una pose casual mientras el viento jugueteaba con su pelo negro el cual hacia contraste con su pálida tez blanca, a excepción de sus rosadas mejillas, haciéndolo lucir como una total estrella de cine, pero no de esas películas de acción, ni de comedia romántica de hoy en día, sino con la hermosura y la elegancia de las estrellas de antes, de antaño.
Se acercó lentamente y puso una de sus manos en mi cintura para disminuir la distancia entre nosotros, y suavemente posó sus labios en mi mejilla derecha con suma delicadeza. Aquel tibio beso me remeció completa. Caballerosamente cogió mi guitarra y la puso en el asiento trasero de su Volkswagen Touareg color bronce.

-Lindo auto- comenté.
-Gracias-sonrío orgulloso-fue un regalo de mi tío por haber sido el primero de la promoción en mi antigua escuela.
-Vaya, eres artista y además inteligente, no me lo habría imaginado-dije con ligero asombro. Sus facciones se volvieron algo incomodas, al parecer mis palabras le habían molestado-Lo siento, yo no estaba insinuando que no fueras inteligente ni nada de eso, lo que pasa es que…-me excusé.
-No te preocupes, entiendo, es difícil pensar que una persona puede destacarse en más de un aspecto-sonrió dulcemente.

Más de un aspecto, eso era decir poco, Tomás era sencillamente perfecto, al menos así me lo parecía hasta ahora.
Tomas abrigo la puerta del copiloto y me invitó a subir.
El vehículo esta tibio, no sé si porque mi temperatura corporal estaba elevada o porque la calefacción estaba encendida, cualquiera fuera la razón se sentía caluroso estar  tan cerca de semejante perfección.

-Te ves…-titubeó menos de un segundo y luego continuó-te ves muy sexy con el pelo mojado-concluyó con una sonrisa coqueta y la mirada al frente mientras hacía partir el vehículo.

Ahora podía decir con certeza que jamás en mi vida me había sentido tan avergonzada, ni había estado tan sonrojada.

-Emmm, gracias-pronuncié bajito y agaché la cabeza, y de esta manera me mantuve todo el trayecto a casa de Tomás, y respondiendo cortantemente con un sí o un no si me preguntaba algo.

-Llegamos-anunció el muchacho a mi lado.
-Linda casa-dije con sinceridad. Era una especie de cabaña grande en las afueras del pueblo, lo que le daba un aspecto muy rustico y hogareño.

Bajamos del auto y Tomás cargó mi guitarra hasta la entrada de la casa. Tomás sacó las llaves de su bolsillo y procedimos a cruzar el umbral.
Esperé de pie junto a un mostrador que separaba la cocina del comedor, mientras Tomás acomodaba las cosas en el sofá y luego se dirigida a buscar algo para beber. Sirvió ambos vasos con limonada y se posicionó frente a mí por el otro lado del mostrador. Observé el líquido amarillento largo rato cuando Tomás se movió en dirección a mí. Me enderecé en un reflejo y me quedé estática. Tomás se acercó cada vez mas y mas hasta que nuestros cuerpos estuvieron prácticamente unidos. Rodeó mi cintura con una mano y me acercó más aun hacia él. Rozó con su nariz mi frente y pude escuchar que su respiración era dificultosa.

-No sabes hace cuanto tiempo había ansiado este momento, tenerte tan cerca, sentir tu aroma, tu calor-susurró. Ahora con su mano libre acarició algunos mechones de mi cabello que aun se encontraban sueltos y los hizo juguetear entre sus delicados dedos.
Yo…-no podía formular palabras, no había nada cuerdo que pudiera decir, y en realidad no había nada que quisiera decir, solo quería que ese momento se prolongara antes de despertar de ese maravilloso sueno. Puso sus dedos sobre mis labios y los acarició tiernamente.
-No sabes hace cuanto quería probar tus labios-continuó mientras su respiración se agitaba más aun, al igual que la mía.
-Entonces hazlo-agregué. No sé de donde salieron esas palabras, ni como había tenido el atrevimiento de pronunciarlas pero lo había hecho. Cerré los ojos y esperé que el calor del momento terminara de envolverme.













Torbellino


Escucho River flows in you de Yiruma y siento como mil sensaciones distintas llegan a mí, me siento pequeña, indefensa, nostálgica, hace mucho ya que no me sentía así, vuelven mis ánimos de escribir.
Las emociones me invaden como un torbellino y me atrapan, quisiera poder detener el tiempo y quedarme así, quisiera estar en un día soleado en mi prado recién descubierto, y sonreír, bailar, cantar,, abrazarte y observar las nubes juguetear con el viento en lo alto del cielo.
Quizás sea porque mis abuelos cumplen 50 de años de casados, quizás sea porque estas otra vez conmigo, quizás sea porque todo está a punto de acabar, o quizás solo sea la canción. Independiente de cuál sea el motivo de mi estado, me siento extraña, no deseo seguir creciendo el cual entiendo es un miedo común, pero no lo sé, creo que ya crecí, a mi edad, más de lo que lo debería haber hecho, quizás suene estúpido e ilógico, pero en  este minuto no tengo miedo a hecho de que tengo que comenzar a enfrentarme a la vida sola, sino el hecho de que sé que estoy capacitada para hacerlo, sé que puedo, y eso me aterra. No quiero estar preparada aun, no quiero despedirme, aunque se en el fondo de mi ser, que el adiós no significará nada, se que los seguiré viendo, sé que no son solo promesas, lo sé, no tengo dudas al respecto, pero si sé que me harán falta, sé que no estarán allí todos los días regalándome sus sonrisas que me llenan de vida y me dan aliento para continuar, a pesar de las dificultades del camino. Los quiero tanto, como jamás nadie será capaz de entender o cuantificar. Son mi familia, mis amigos, los trozos de mi corazón.
Ojala hubiera algo que pudiera hacer, pero supongo que todo esto es parte del proceso de la vida, creo que lo único que queda por hacer es seguir sonriendo y vivir como lo he hecho siempre, amándolos con cada fibra de mi ser y disfrutar como una niña, sin vergüenza ni miedos a lo que el resto diga.

Capítulo VIII: Revelación


-Vaya- fue todo lo que Josh pudo decir al verme bajar por las escaleras, mientras abría los brazos por el asombro. La impresión de Clarice fue algo más efusiva.
-Cariño te ves preciosa-dijo en un tono tan agudo que casi me dejó sorda. Se llevo las manos a la cara como si estuviera reteniendo el llanto y luego corrió a mi encuentro. Me abrazó muy fuerte y giró para ver nuevamente mi apariencia, como si no terminara de creérselo.
-Estas deslumbrante Danielle-dijo sin poder ocultar la alegría en sus palabras- y el vestido es precioso también, y te queda tan ceñido, no sabía que tenías tan linda figura, deberías mostrarla más seguido-dijo riéndose de mi expresión cuando dijo esas palabras.
-No hables tonterías- contesté roja por la vergüenza, mientras me abanicaba por el súbito ardor que sentí en mis mejillas.
-Chicas lamento interrumpirlas, pero creo que sería mejor si nos fuéramos, sino llegaremos tarde-dijo haciendo un gesto con la mano que indicaba su reloj de pulsera.
-Cierto- asentí-adiós Lila nos vemos en un par de horas-pronuncié mientras le soplaba un beso y salía por la puerta.

Ingresé en el asiento trasero del convertible Cadillac ElDorado del 69’, totalmente restaurado, que pertenecía a Josh, ese auto era su orgullo. Su padre se lo había regalado a los 14 y desde entonces había invertido todos sus veranos en el, bueno, todos sin contar el ‘ultimo, ya que es se lo había dedicado por entero a Clarice.
Josh ingresó en el asiento del piloto y Clarice en el del copiloto y emprendimos marcha hacia el salón del hotel St. Benedict, que era donde se realizaría el baile.
Mientras yo iba concentrada en mis pensamientos, mirando como los arboles se desvanecían a nuestro paso, Josh y Clarice hablaban de lo bien que lo pasaríamos en el baile y de que todo el mundo estaría ahí. “El evento de la temporada”, lo llamaron. Me limité a sonreír y a asentir a todo lo que decían, sin prestar real atención.
El convertible se detuvo justo enfrente de la entrada del imponente hotel, el cual anunciaba el baile de bienvenida del Instituto St. Joseph.
Descendí del auto con cuidado para no arrugar mi vestido y uno de los jóvenes que aparcaban los autos, me extendió su mano para servirme de apoyo. Le di las gracias, y con la mirada busqué a mis amigos.
Josh le entregó las llaves del auto al muchacho que me había ayudado a bajar y le pidió que tuviera mucho cuidado con su “Bebé”.
Clarice y yo nos dirigimos una mirada cómplice, y nos reímos por lo bajo.

-Señoritas- dijo Josh, ofreciéndonos a cada una uno de sus brazos.

Ambas aceptamos con gusto y caminamos hacia el recibidor del hotel. Allí nos dirigimos hacia un amplio mesón donde había tres señoritas, todas de diferente aspecto, pero con el mismo peinado y uniforme. Una de ellas se acercó a nosotros y no regaló una amplia sonrisa.

-Bienvenidos al hotel St. Benedict, en que puedo ayudarlos- dijo de manera automática la mujer de unos 27 años, cabellos rubios y profundos ojos verdes.
-Estamos aquí para el baile de bienvenida- dijo Clarice en voz dulce y cortes, esa voz que siempre usaba con los desconocidos.
-Muy bien-dijo la joven suavizando sus facciones y ampliando aun mas su sonrisa-sigan derecho por el pasillo y doblen a la derecha, ahí está el salón Rose, que es donde se está realizando el baile-señaló con sus manos para hacer su explicación algo mas especifica.
-Muchas gracias- contestó Clarice entrecerrando los ojos y dedicándole a la mujer una amable sonrisa, la cual le contestó con el mismo gesto.

Clarice siempre había tenido la cualidad de hacer sentir cómoda a las personas con su sonrisa, era como un don especial, el mismo que me había cautivado el primer día de clases en el Instituto cuando yo era la chica nueva de la ciudad y ella se acercó amablemente para darme la bienvenida. Desde entonces, jamás habíamos vuelto a separarnos.
Josh agarró un puñado de los dulces que se encontraban en un bol sobre el mesón y con la otra mano hizo una señal juguetona y coqueta de despedida a las recepcionistas, las cuales se quedaron paralizadas frente a su cautivadora sonrisa. Josh sabía el efecto que causaba su sonrisa, por lo tanto la utilizaba siempre que se le daba la oportunidad. Clarice no se ponía celosa, sabía que su novio era coqueto por naturaleza, y no había nada que pudiera hacer contra ello. Además ella y yo sabíamos que él no era capaz de mirar a ninguna otra como miraba a mi amiga.
Caminamos del brazo de Josh hasta la entrada del salón y nos detuvimos allí un par de segundos para contemplar la magnífica manera en que este estaba decorado. No había ningún rincón del salón que no estuviera cubierto por esplendidas guirnaldas vaporosas color verde y amarillo, y globos de las mismas tonalidades.
Los asistentes bailaban al ritmo de una banda local, ubicada sobre una tarima en el fondo del salón.

-Esto es hermoso- logré articular.
-Verdad que lo es?- dijo Clarice tomando a Josh por la mano y arrastrándolo hacia la pista de baile. Josh intentó tomar mi mano para que fuera con ellos, pero delicadamente me deslicé fuera de su alcance y les di a entender con una seña, que los acompañaría en un minuto.

Recorrí todo el salón con la mirada, aun maravillada por el decorado y luego me abrí espacio entre la multitud para buscar un lugar donde sentarme.
Al pasar todos me miraban con curiosidad, como si fuera la chica nueva o algo así. Algunas chicas me miraban con recelo y otras me dirigían dulces sonrisas, los muchachos por otra parte, me dedicaban sonrisas coquetas y miradas furtivas, lo que hizo que me sonrojara. Logré encontrar una mesa con un par de sillas en un rincón y no dudé en apresurarme antes de que alguien más las acaparara, tropezándome a veces, debido a que la multitud me dificultaba el paso.
Desde donde me encontraba lograba tener una vista amplia de la pista de baile y de la tarima donde se encontraba la banda. Pude divisar como Clarice y Josh bailaban de manera entusiasta al ritmo de la música y comprendí en ese minuto que me esperaban un par de largas horas de soledad por delante.
Estuve sentada alrededor de una hora observando cómo las parejas se divertían, y deseé en ese momento que Tomás me hubiera invitado como su cita. Que tonta me sentía, allí sola sin nada que hacer, y sin una cita que me hiciera compañía.
Ya no me sentía cómoda allí, entre tanta gente riendo, sentía que no encajaba. Me paré precipitadamente de mi silla y me dispuse a salir, cuando de pronto sentí que un escalofrío me recorrió los hombros desnudos y bajaba por mi columna.

-Vas a algún lado?- susurró una suave voz muy cercana a mi oído, la cual reconocí inmediatamente.

Me giré rápidamente para encontrarme cara a cara con la fuente de esa voz melodiosa que inundaba mis sentidos.

-To... más- pronuncié su nombre como si fueran dos silabas -qué haces aquí?-dije dificultosamente, mientras tragaba saliva debido al impresionante efecto que sus ojos grises causaban en mí.
Vestía un elegante traje gris oscuro, probablemente de diseñador italiano, una camisa negra, y una corbata plateada que hacía juego con sus ojos.

Sonrió divertido y se aclaró la garganta para hablar.

-Por si no lo recuerdas vamos al mismo Instituto, por lo tanto asistimos a los mismos bailes-ocupó un tono ligeramente sarcástico, el cual no me molestó. En cualquier caso le habría contestado en tono sarcástico también, pero su presencia me debilitaba, por lo que no pude cumplir con mi cometido. En vez de tomar una actitud orgullosa y a la defensiva por su tono, me puse totalmente colorada y desvié mi mirada hacia el suelo.

-Claro, tienes razón-contesté mientras miraba mis pies, cubiertos por los delicadas tiras color plata de los finos tacos.

Aunque no podía ver el rostro de Tomás, supuse que estaba esbozando una sonrisa.
De pronto sentí como su mano tocaba la mía y sus tibios dedos envolvían los míos.

-Qué haces?- le pregunté confundida.
-Acaso me dejaras bailando solo?- contestó provocándome con una sonrisa a la que no pude negarme.

Tiró de mi mano y me obligo a acercarme a él, nuestros cuerpos chocaron y el rodeó mi cintura con su mano. Podía sentir el calor de su piel por sobre el delicado vestido, ese calor me envolvía y me hacía desear estar más cerca de él. Puse una de mis manos sobre su hombro y tomé la mano derecha de él para disponernos en posición de baile.
Perdí la noción del tiempo mientras nos divertíamos y girábamos al compás de la música. Tomás alargó su brazo para liberarme y hacerme girar, cuando de pronto terminó la canción y comenzó una de un ritmo bastante más lento. Tomas tiró de mí haciéndome girar hacia él, nuestros rostros quedaron frente a frente, tan cerca que podía sentir como su dulce respiración se acompasaba con la mía, como si de pronto estuviéramos unidos por una fuerza mágica e inexplicable.
Las manos de él se deslizaron por mi espalda hasta toparse con mi cintura donde se quedaron firmes y seguras. Ejerció una pequeña fuerza para atraerme hacia él, a la cual, por supuesto, no me resistí. Levanté mis brazos y los puse por detrás de su cuello. Se sentía tan bien estar así, como si de alguna manera, nada mas existiera.
Tomás se acercó hacia mí lentamente, provocando que mi pulso y mi respiración se descontrolaran.
Mi mejilla se apoyo en su fuerte pecho y la deje reposar ahí, mientras escuchaba el sonido de la respiración de que al muchacho que me robaba el aliento.
Pude sentir como Tomás se agachaba un poco para quedar más a mi altura y cuidadosamente apoyaba su mentón en uno de mis desnudos hombros.

-De todos los que están aquí hoy, eres la única que merece miradas- pronunció delicadamente. Cada una de sus palabras era un delicioso manjar que inundaba mi mente y desbocaba mi corazón-Eres hermosa-continuó-deliciosamente hermosa-dijo soltando cada silaba lentamente para realzar el mensaje. Su voz se sentía como acariciar terciopelo.
Sentí como la sangre subía precipitadamente a mis mejillas y me inundaba con su calor. Me separé un poco de sus brazos para observar su rostro e intentar contestar a sus palabras. Cuando mis ojos se toparon con los suyos no pude articular nada coherente ni pensar en las palabras que salían de mi boca.

-Hace un poco de calor aquí, no crees?-dije sin meditar nada de lo que escapaba de mis labios.
-Tienes razón-dijo entre risas. Retiró sus brazos que antes me rodeaban, lo que me hizo sentir extraña, vacía, como si necesitara de su contacto para sentirme completa.
-Vamos-dijo mientras estiraba su mano hacia mí y se alejaba hacia la puerta. Mi cuerpo se movió como por inercia, no tuve ni un segundo para pensarlo cuando me vi siguiéndolo a tropezones hacia la salida del salón.

Tomé la mano de Tomás sin vacilarlo ni por un momento. El entrelazó sus dedos con los míos de manera tan natural, que sentí como si mi mano fuera parte de la suya, como si toda la vida le hubiera faltado la mitad y por fin encontraba su complemento.
Me guió por el recibidor del hotel hasta que nos topamos con un pasillo que llevaba hacia el jardín trasero del lugar. Seguimos un sendero de piedras hasta lo que parecía ser una laguna artificial que se encontraba escondida entre los arbustos.

-Cuando llegamos a la ciudad-dijo Tomás- no teníamos donde quedarnos, así que mi padre y yo estuvimos un mes alojándonos en este hotel- y la verdad es que pasar las 24 horas del día encerrado en cuatro paredes n oes mi idea de un gran día, además no conocía a nadie en la ciudad, así que solo salía si era necesario-comenzó a explicar mientras se quitaba la elegante chaqueta y la puso a modo de manta para que nos sentáramos sin tener que tocar el pasto, probablemente húmedo por el rocío que caía durante la noche-por lo tanto tuve mucho para recorrer el hotel y descubrir lugares como este-concluyó.
Se sentó en el suelo y lo imité. La camisa negra s ele ajustaba al torso como si fuera hecha a medida, su elegante y musculosa figura se veía varonil, y exquisitamente tentadora. Se soltó la corbata y desabrochó el botón del cuello.

-Sabes-dijo mirando en dirección al agua que tenía una ligera bruma por encima que la hacía parecer como sacada de un cuento de hadas- No suelo ir a los bailes a decir verdad, nunca estaba demasiado tiempo en una ciudad como para lograr ir a un baile, pero…-dudó un minuto de lo que iba a revelar, pero pude ver como su semblante cambió de la vacilación a la determinación como si nada-tenía la esperanza de que tu vinieras, y yo simplemente necesitaba verte.
“Necesitaba verte”. Las palabras resonaban en mi cabeza de un lado a otro haciéndome perder la serenidad. Si el necesitaba verme, tanto como yo lo necesitaba a él… entonces quizás el también… Detuve el sentido de ese pensamiento de golpe. No podía permitirme a mí misma formular ideas o sacar conclusiones de lo que estaba pasando entre Tomás y yo, al menos no hasta que estuviera completamente segura de adonde se dirigía esto.

Tomás dirigió su mirada hacia mí. Se veía concentrado, como si algo importante fuera a pasar y quisiera que yo compartiera ese momento con él.

-No fuiste al Instituto hoy- dije precipitadamente, rompiendo la repentina conexión que se había producido entre nosotros.
-Eh, cierto, tuve que atender unos asuntos familiares-movió la cabeza y frunció el ceño como si algo le molestara.
-Pasa algo?- pregunté e inconscientemente puse mi mano sobre su hombro. El contacto se sentía agradable. Podía sentir el calor de su piel bajo mi palma y como mis dedos de pronto comenzaban a arder.
-No es nada-dijo con voz tranquilizadora y giró su cabeza hacia mí. Recorrió mi rostro con su mirada y luego tomó’ mi mano libre- Es un lindo anillo-dijo observando la argolla que rodeaba mi dedo y que estaba coronada por una gran piedra blanca.
-Era de mi madre-contesté. Estaba acostumbrada a hablar de mi madre si nostalgia, pero por alguna extraña razón una oleada de tristeza me envolvió e inundó mis ojos de lágrimas. Dejé escapar un pequeño sollozo y luego sentí como uno de los dedos de Tomás secaba una de las lagrimas que bajaba por mi mejilla.
-No estés así por favor, me parte el alma verte triste-dijo como si de pronto se le hubiera acabado el aire. Levanté la mirada y pude ver como su expresión se veía torturada, dolorosa.
Tomó mi mentón con suma delicadeza y acercó su rostro al mío como en cámara lenta, dejándome sin respiración. Posó sus labios sobre mi mejilla, justo por donde antes rodaba la lágrima que el delicadamente había secado con sus dedos. Se acercó aun más y besó el lugar entre mi cuello y mi oído. Mi primera sensación fue de un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo e hizo que se me erizaran los cabellos de la nuca, después el frío cambió por un intenso calor que me inundó completamente, haciéndose más fuerte en el vientre.

-No puedo dejar de pensar en ti-susurró, rompiendo el silencio en el que nos encontrábamos. Se retiró un poco y entreabrió los labios dejando escapar un leve suspiro. Mis labios se entreabrieron también de manera automática y cerré mis ojos, esperando el inminente.
Sentí como unos pasos se aproximaban por entre los arbustos, lo que hizo que Tomás y yo nos alejáramos el uno del otro sin poder concretar ese tan ansiado beso.

-Danielle, por fin te encuentro niña, te he buscado por todas partes-dijo Clarice, con voz agitada y dificultad al respirar, como si hubiera terminado una carrera de 100 metros.
-Lo siento, perdí la noción del tiempo-dije entre risas nerviosas.
-Es mi culpa-replicó Tomás-la mantuve ocupada y bueno dicen que el tiempo vuela cuando te diviertes-añadió y sonrió ampliamente, dejando a la vista su brillante dentadura.
- Oh ya veo-contestó Clarice que cambió inmediatamente su expresión de preocupación a una pícara-Siento tener que robártela, pero debemos irnos-Clarice se giró para mirarme, su expresión parecía de disculpa.
-No te preocupes-contestó de manera caballerosa-Supongo que nos veremos mañana-dijo con voz serena y galante.
-Si claro, para el trabajo de música -repliqué inmediatamente para que Clarice no fuera a dejar volar su imaginación y comenzara a crear teorías sobre Tomás y yo- a las 2 te parece bien?-concluí mientras me ponía de pie para retirarme.
-La verdad es que preferiría que nos juntáramos más temprano, a eso de las 10-dijo con el semblante serio, algo que jamás había visto en Tomás-tengo la sensación de que el trabajo nos tomará mas de lo esperado-finalizó. Ahora su seriedad había cambiado simplemente a pura coquetería.

Reí nerviosamente e hice un gesto con la mano en forma de despedida. Clarice tomó mi mano y nos abrimos paso entre los arbustos, mientras nuestros tacos golpeaban sonoramente el sendero de piedra.

-Así que tu y el chico nuevo ah?-dijo en forma cómplice y con clara curiosidad.
-Tomás y yo somos solo amigos, compartimos tiempo debido a un trabajo para la clase de música, pero eso es todo-contesté controlando el tono de mi voz para que sonara segura y sin temblores.
-Está bien si tú dices que son solo amigos entonces te creeré- replicó de de forma amistosa y dulce, algo que la caracterizaba.
-Y como estuvo tu noche?-pregunté para desviar el tema de conversación.
-Bastante bien, la pasamos de maravilla-contestó alegre y entusiasta- y la tuya?- preguntó no se si por cortesía, o para sacarme información acerca de Tomás.
-Pues digamos simplemente que estuvo bien-mas que bien, dije para misma, sin embargo habia quedado con la sensacion de querer mas.













Amor


El amor no es definible, no porque carezca de definiciones, sino porque son demasiadas y aun así no son absolutas, ninguna llega completamente a entregar un completo significado.
El amor no se busca, se encuentra, el amor no desaparece, se transforma, el amor no es motivo de de sonrisas, las sonrisas son motivo del amor.
El amor es todo y es nada, es calor y frio, luz y sombras.
El amor no nos permite escoger, nos empuja en una dirección, sea o no la más razonable.
El amor es intensidad y sutileza, es drama y calma.
El amor nos eleva hasta el cielo y nos impulsa hasta el infierno.
El amor es una llama abrasadora que congela en su ausencia.
El amor tiene muchas características, todas prácticamente. Quien dice que el amor es un sentimiento, se equivoca, porque es la reunión de todos los sentimientos, formando lo más grande y maravilloso.
El amor nos impulsa a ser mejores, pero saca lo peor de nosotros.
El amor nos mueve, nos detiene, nos llena y nos vacía.
El amor es nuestro sustento, nuestra energía y nuestra fuerza.
El amor nos hace más fuerte, y nos debilita al máximo punto.
El amor no razona, actúa.
El amor es valiente y temeroso.
No existe el odio sino existe el amor.
No existe ningún corazón, que no albergue amor en algún rincón, pues si fuera así, ese corazón no latiría.
El amor es puro y total, el amor es para todos, pero solo algunos saben vivirlo.
Te amo, esta la declaración que requiere más coraje, pero es motivada totalmente por el miedo, miedo a perder, miedo a no tener, miedo a no vivir.
El amor un calor incesante que quema en el pecho.
El amor en su máxima expresión llena tu vida de luz, pero cuando no es correspondido te sumerge en las más profundas tinieblas.

El amor es vida, y vivir es amar.